
– AJA KOSKA/ ISTOCK – Archivo
MADRID, 5 Abr. (EUROPA PRESS) – A nivel mundial, la población está envejeciendo. La demencia es la tercera causa principal de mortalidad y la séptima causa principal de discapacidad entre los adultos mayores en todo el mundo. Es una afección frecuente relacionada con la edad que afecta la calidad de vida de muchos adultos, incluyendo a sus familias y cuidadores. La prevención es importante, y una parte fundamental de ella consiste en identificar los factores de riesgo modificables.
Anteriormente se creía que todos los comportamientos sedentarios estaban asociados con un mayor riesgo de desarrollar demencia. Sin embargo, en estudios recientes, los investigadores descubrieron que los comportamientos sedentarios mentalmente pasivos (como ver la televisión) aumentaban el riesgo de depresión, mientras que los comportamientos sedentarios mentalmente activos (como leer y trabajar en la oficina) parecían tener un efecto protector.
La mayoría de los adultos pasan entre 9 y 10 horas al día sentados. Investigaciones previas han demostrado que permanecer sentado durante periodos prolongados e ininterrumpidos es un factor de riesgo para enfermedades cardiovasculares, diabetes tipo 2 y depresión; también se ha asociado con la demencia.
No todo el sedentarismo pesa igual en el cerebro
Una nueva investigación del Instituto Karolinska (Suecia), que distingue entre sedentarismo pasivo y mentalmente activo en relación con la demencia, ha revelado que los adultos que realizan periodos prolongados de sedentarismo mentalmente pasivo tienen un mayor riesgo de desarrollar demencia.
Se ha demostrado que sustituir el sedentarismo pasivo por sedentarismo mentalmente activo reduce el riesgo de aparición de demencia en la edad adulta.
El estudio, publicado en el ‘American Journal of Preventive Medicine’ por Elsevier, tiene el potencial de servir de base para las directrices de salud pública y las estrategias preventivas destinadas a reducir la incidencia de la demencia.
Este es el primer estudio que distingue entre la postura sentada pasiva y la mentalmente activa en relación con la demencia. El investigador principal, Mats Hallgren, doctor en filosofía del Departamento de Ciencias de la Salud Pública del Instituto Karolinska, señala: «Si bien estar sentado implica un gasto energético mínimo, puede diferenciarse por el nivel de actividad cerebral».
«La forma en que usamos nuestro cerebro mientras estamos sentados parece ser un determinante crucial del funcionamiento cognitivo futuro y, como hemos demostrado, puede predecir la aparición de la demencia», añade.
20.811 adultos seguidos durante 19 años
Los investigadores analizaron datos de un estudio longitudinal de 20.811 adultos de entre 35 y 64 años, a quienes se les dio seguimiento durante 19 años (1997-2016). La encuesta inicial incluyó preguntas sobre comportamientos sedentarios, actividad física y otros comportamientos asociados con la demencia.
Los casos incidentes de demencia se identificaron mediante la vinculación de los datos de la encuesta de 1997 con el Registro Nacional de Pacientes de Suecia y el Registro Sueco de Causas de Muerte.
Utilizando diversos modelos estadísticos, los investigadores examinaron la relación entre la demencia y la sustitución (estadísticamente) de comportamientos sedentarios pasivos por comportamientos mentalmente activos.
«El diseño del estudio prospectivo nos permitió establecer la dirección de estas relaciones e inferir, pero no establecer, la causalidad. Se necesitan ensayos controlados para confirmar estos importantes hallazgos del estudio observacional», señala Hallgren.
Entre los principales hallazgos del trabajo destaca que se observó que un comportamiento sedentario mentalmente activo se asociaba con un menor riesgo de desarrollar demencia entre los adultos de mediana edad y los mayores. Por otra parte, el aumento del tiempo dedicado a comportamientos sedentarios mentalmente activos se asoció con una reducción significativa del riesgo de demencia, manteniendo al mismo tiempo los niveles de comportamiento sedentario pasivo y de actividad física ligera, moderada a vigorosa.
Del sofá a la lectura: pequeños cambios, gran diferencia
Asimismo, se observó que sustituir el tiempo dedicado a comportamientos sedentarios mentalmente pasivos por periodos equivalentes de comportamientos sedentarios mentalmente activos también se asoció con una reducción del riesgo de desarrollar demencia. Dado el exhaustivo método de encuesta utilizado para recopilar estos datos (3.600 ciudades y pueblos de toda Suecia), los investigadores creen que los hallazgos son probablemente generalizables a una población mundial más amplia.
«El sedentarismo es un factor de riesgo omnipresente, pero modificable, para muchas afecciones de salud, incluida la demencia. Nuestro estudio añade la observación de que no todos los comportamientos sedentarios son equivalentes; algunos pueden aumentar el riesgo de demencia, mientras que otros pueden ser protectores. Es importante mantenerse físicamente activo a medida que envejecemos, pero también mentalmente activo, especialmente cuando estamos sentados», concluye.
El mensaje de los autores es claro: no se trata solo de contar pasos, sino también de sumar minutos de actividad mental de calidad. Mantenerse físicamente activo sigue siendo fundamental, pero, a medida que envejecemos, también lo es entrenar el cerebro, incluso cuando estamos sentados. Cambiar parte del tiempo de sofá pasivo por lectura u otras tareas cognitivas podría ser un gesto sencillo con un impacto importante en la salud cerebral a largo plazo.

