Sáb. Feb 7th, 2026

Diferencias entre un parto traumático y la violencia obstétrica en la experiencia del nacimiento

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Cuando el parto deja huella: diferencia entre un parto traumático y la violencia obstétrica

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El momento del parto puede poner en jaque la estabilidad de una persona porque a veces hay que enfrentarse a situaciones difíciles, aunque lo habitual es que todo vaya bien. Hay mujeres que recuerdan su parto como uno de los mejores momentos de su vida, mientras que otras no gozan de tan buena experiencia, y otras apenas recuerdan episodios del mismo.

Hoy en día se está trabajando mucho por evitar la violencia obstétrica dentro de los paritorios, y cada vez hay más formación y concienciación entre los profesionales sanitarios al respecto. No obstante, tal y como lamenta en una entrevista con Salud Infosalus, la psiquiatra especialista en salud mental reproductiva y perinatal Bianca Granados, a nivel social suelen asociarse los partos traumáticos con la violencia obstétrica, cuando no son lo mismo.

“Aunque cualquier violencia en el parto puede dejar una huella traumática, no todo parto traumático implica haberla sufrido”, asevera Granados en su último libro recién publicado ‘Matrescencia’ (Vergara), motivo por el que la entrevistamos.

El parto traumático

Granados define como ‘parto traumático’ aquel que, independientemente de cómo pueda evaluarse desde fuera, la mujer vive con miedo intenso, descontrol o desconexión, aunque desde fuera parezca normal. Puede darse en un contexto de complicaciones obstétricas, de intervenciones médicas invasivas o de violencia obstétrica, pero también ante partos fisiológicos, no intervenidos y clínicamente normales. «Lo que marca un parto traumático no es lo que ocurre en el paritorio, sino cómo vive la mujer y cómo reacciona su sistema nervioso para protegerla», agrega.

Qué es la violencia obstétrica

Además, sobre la violencia obstétrica, Granados reconoce que “existe hoy en día en España, y está normalizada en la cultura hospitalaria, aunque normalmente se ejerce sin conciencia de que sea violencia”, y advierte de que afecta no solo a la salud física, sino también en el plano emocional y social de las mujeres.

“La violencia obstétrica ocurre cuando realmente durante el parto se produce una acción que ha agredido o violentado la voluntad de la mujer o la buena praxis médica. Está vinculada a una formación inadecuada y a la falta de noción sobre los derechos de las mujeres”, aclara Granados.

En este contexto, llama la atención sobre que hacer visible la violencia obstétrica no significa un ataque a los profesionales, sino una ocasión para «dignificar la experiencia de quienes han sido dañadas, a veces sin que nadie lo haya percibido».

Reconoce, eso sí, que muchas mujeres en sus partos sufren situaciones muy potentes, y su vivencia del parto es «bastante fastidiada, dolorosa y traumática», pero no por ello necesariamente esto va de la mano de una mala praxis en el paritorio, de un abuso de poder, de infantilización de la mujer, de toma de decisiones sobre el parto sin su consentimiento, o de prácticas realizadas de manera agresiva.

“Aunque de forma general nos parece que siempre que hay violencia obstétrica el parto debe ser traumático; estos son conceptos independientes. Hay mujeres que vienen a la consulta sin narrar nada extraño durante su parto, y cuando cuentan poco a poco se perciben algunas agresiones que pueden ser maniobras de violencia obstétrica, aunque ellas no lo hayan sentido. A veces, durante experiencias traumáticas se desconecta para llegar a término, ‘hay que hacer lo que haga falta para que el bebé nazca’, pero si no es situación de vida o muerte, y transgrede los derechos de la mujer, sí que es violencia obstétrica”, subraya.

A la inversa, hay partos que, si los viéramos con una cámara, objetivamente no habría señales de violencia obstétrica, pero la mujer sí se ha sentido así, manteniendo una vivencia de parto traumático, aunque el médico la haya tratado de forma respetuosa y la matrona también.

“El parto es un momento muy vulnerable, y donde se nos abren todas las heridas que hemos vivido antes. Depende de nuestra forma de ser, de lo que nos haya pasado, y en ese contexto tan vulnerable podemos hacer interpretaciones erróneas de las cosas. Muchísimas veces no son situaciones de violencia obstétrica real, pero sí donde la mujer se ha sentido violentada. Hay que darle valor a cómo se ha sentido la mujer, sin embargo, es importante este matiz de vivencia ‘versus’ datos objetivos de violencia, esto es lo que diferencia una situación de otra», insiste Granados.

Recuerda que la RAE define la violencia obstétrica como: «Apropiación del cuerpo y procesos reproductivos de las mujeres por parte del personal de salud, que se expresa en un trato deshumanizador, en abuso de medicalización y patologización de procesos naturales, con pérdida de autonomía y capacidad de decidir libremente sobre sus cuerpos y sexualidad, impactando negativamente en la calidad de vida de las mujeres».

A veces falta información

Granados hace hincapié en que «respetar no significa hacer lo que la persona pide, sino asegurarnos de que esa persona ha sido informada, comprendida y acompañada, que entiende qué está decidiendo, y que lo hace en un entorno emocional y clínicamente seguro. Solo desde ahí, desde un consentimiento informado, consciente y libre, podremos hablar de decisiones compartidas».

Reconoce que, en situaciones de urgencia, hay que actuar rápido, pero la mayor parte de los momentos clínicos no son emergencias vitales y “ahí es donde no sabemos mirar”.

Granados señala que muchas veces las mujeres no están informadas porque desafortunadamente no se dedica tiempo a esto, algo fundamental durante el parto: “Se producen situaciones donde las mujeres no tienen toda la información porque no se les ha dado, y el fallo no es de la mujer, sino del sector sanitario. La paciente debe estar informada en todo momento para evitar este tipo de situaciones. No es que las mujeres queramos decidir sobre todo lo que sucede en nuestro cuerpo, ni que a los profesionales les falte capacidad técnica; lo que falta es tiempo y dedicación”.

De hecho, defiende que, si los profesionales sanitarios atendieran con “más tiempo, más información, más comprensión y más empatía, no se tendría que seguir hablando de estos términos”.

Por eso, reitera que «la violencia obstétrica puede considerarse un tipo de violencia institucional y de género, que ocurre cuando se ignoran los derechos, los tiempos y las necesidades físicas y emocionales de las mujeres durante el parto», y puede manifestarse de muchas maneras: desde intervenciones sin consentimiento, hasta comentarios despectivos, infantilización, falta de información, o separación innecesaria del bebé.

Esta violencia, «que no siempre es visible», impacta en la salud mental y física de las mujeres, dejando huellas que pueden perdurar en el vínculo con sus hijos.

Finalmente, subraya que «prevenir la violencia obstétrica requiere formación con enfoque de género, protocolos adecuados, comunicación respetuosa y más tiempo para acompañar; se trata un parto de manera humanizada, con respeto y dignidad».

FUENTE

Constanza Sanchez

Por Constanza Sanchez

Soy periodista especializada en comunicación digital y producción de contenidos multimedia. Combino redacción, análisis de audiencias y SEO para crear historias claras y relevantes. Me enfoco en formatos innovadores, narrativas visuales y en desarrollar contenidos que conecten con comunidades diversas en entornos informativos dinámicos.

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