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El aumento del nivel del mar está alterando la rotación de la Tierra, según geólogos

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El Cambio Climático y la Rotación de la Tierra

El cambio climático no solo se mide en olas de calor o en el hielo que desaparece. También se puede observar en algo tan básico como el “tic tac” del planeta. Un estudio realizado por la Universidad de Viena y la ETH de Zúrich concluye que el aumento del nivel del mar, impulsado por el deshielo, está ralentizando la rotación de la Tierra, resultando en días ligeramente más largos.

La cifra es diminuta, pero muy reveladora. La duración del día estaría aumentando a un ritmo de aproximadamente 1,33 milisegundos por siglo, y los autores sostienen que este cambio no tiene precedentes en los últimos 3,6 millones de años. Aunque no se noten minutos “sobrantes”, la señal es clara y afecta a sistemas que dependen de medir el tiempo con precisión.

Por qué el planeta gira un poco más despacio

Cuando los glaciares y las grandes capas de hielo se derriten, parte de esa masa, que estaba concentrada cerca de los polos, termina redistribuida en los océanos. Este agua desplazada altera la distribución de la masa del planeta, llevando más masa hacia latitudes más bajas, cerca del ecuador.

En términos prácticos, esto cambia el equilibrio del planeta. Mostafa Kiani Shahvandi explica la situación con una imagen sencilla: “es como una patinadora artística que gira más despacio cuando estira los brazos”. Al alejar masa del eje de giro, aumenta la inercia y la rotación se frena.

La cifra clave es pequeña, pero el mensaje no

En la rutina diaria, la Tierra presenta variaciones naturales en su rotación por diversas razones, desde procesos internos hasta cambios en la atmósfera. Por lo tanto, es importante observar tendencias a largo plazo y separar el ruido de la señal.

Ahí es donde aparece un dato que llama la atención. Un estudio del equipo, publicado en 2024 en PNAS, estimó que el efecto del clima sobre la duración del día estuvo entre 0,3 y 1,0 milisegundos por siglo durante el siglo XX. Sin embargo, desde el año 2000, este efecto habría acelerado hasta 1,33 milisegundos por siglo (con un margen de unas centésimas). Si el calentamiento continúa en un escenario de altas emisiones, esta influencia podría alcanzar 2,62 milisegundos por siglo hacia 2100, lo que haría que el clima pesara más que la Luna en el cambio a largo plazo del reloj terrestre.

Cómo se reconstruyen 3,6 millones de años de “relojería” terrestre

Una pregunta razonable es: ¿cómo se puede comparar lo que sucede hoy con lo que ocurría hace millones de años? En el reciente estudio, publicado en el Journal of Geophysical Research (Solid Earth), los investigadores se basan en archivos naturales del fondo marino llamados foraminíferos bentónicos, organismos microscópicos cuyas conchas fosilizadas conservan pistas químicas sobre el nivel del mar del pasado.

La idea es sencilla, aunque el trabajo no lo es. A partir de esa señal química, el equipo infiere cambios antiguos del nivel del mar y, desde allí, calcula cómo habría cambiado la distribución de masa del planeta y la duración del día. Para gestionar las incertidumbres de los datos paleoclimáticos, utilizaron un modelo probabilístico con aprendizaje profundo “informado por la física”, diseñado para no confundir lagunas en el registro con cambios reales.

Qué significa esto para la hora y para la tecnología

“Vale, son milisegundos”, puede pensar mucha gente. ¿Qué significa esto en la práctica para alguien que vive en España? No vas a sentir que el día se alarga, pero sí es relevante en el ámbito de la precisión, donde un pequeño desfase puede generar problemas si no se gestiona adecuadamente.

La hora oficial (UTC) se mantiene muy cerca de la rotación real de la Tierra y, cuando la diferencia se amplía, se utilizan los llamados “segundos intercalares”. En este contexto, un estudio publicado en Nature en 2024 explica que el deshielo de Groenlandia y la Antártida están ralentizando la rotación lo suficiente como para retrasar la posible necesidad de un “segundo intercalar negativo”, que implicaría restar un segundo a los relojes. En otras palabras, el calentamiento global estaría comprando tiempo a los ingenieros, aunque por razones nada tranquilizadoras.

Una señal más de un problema mucho mayor

Que la Tierra gire un poco más despacio no es el problema en sí. Es el síntoma. Para que el planeta altere su “ritmo” es necesario mover enormes masas de agua, lo cual solo sucede con el derretimiento extenso del hielo y el consiguiente aumento del nivel del mar.

Los autores insisten en que esta anomalía tiene un origen humano. Benedikt Soja lo resume diciendo: “este rápido aumento de la duración del día implica que el ritmo del cambio climático moderno no tiene precedentes, al menos desde el Plioceno tardío”, y añade que el aumento actual se puede atribuir “principalmente” a influencias humanas. Esta visión proporciona una forma poco habitual de entender hasta qué punto ya estamos alterando el sistema terrestre.

El estudio más reciente ha sido publicado en el Journal of Geophysical Research.

FUENTE

Constanza Sanchez

Por Constanza Sanchez

Soy periodista especializada en comunicación digital y producción de contenidos multimedia. Combino redacción, análisis de audiencias y SEO para crear historias claras y relevantes. Me enfoco en formatos innovadores, narrativas visuales y en desarrollar contenidos que conecten con comunidades diversas en entornos informativos dinámicos.

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