
MADRID, 26 Mar. (EUROPA PRESS) – El Instituto Superior de Formación Sanitaria (ISFOS), del Consejo General de Enfermería, ha subrayado que contar con profesionales expertos en los hospitales y centros de salud es «fundamental» para educar, concienciar y ayudar a mejorar la calidad de vida de las personas que sufren de dolor crónico, que afecta a unos 10.000.000 de personas en España.
El ISFOS, en colaboración con Medtronic, ha organizado un ‘webinar’ para analizar y debatir cómo el Sistema Nacional de Salud (SNS) debe apostar por «visibilizar y tratar esta enfermedad», que tiene un impacto físico, emocional y social en los pacientes, siendo más prevalente en mujeres, personas mayores y pacientes con comorbilidades.
La directora de ISFOS, Pilar Fernández, ha afirmado que el dolor crónico es un «problema de salud pública de primer orden» y «parece que las instituciones no quieren verlo». Según Fernández, «existen millones de personas que padecen este tipo de problema y se enfrentan a una situación desconocida que, en muchas ocasiones, se tarda mucho en valorar y poner nombre. Parece que, si no tenemos un diagnóstico claro, no existe la enfermedad, pero es que el dolor crónico es una enfermedad en sí misma. Tenemos que luchar para afrontar esta situación y dar una respuesta a todos aquellos pacientes que lo necesitan».
El catedrático de Anestesiología de la Universidad de Santiago de Compostela, Julián Álvarez, ha resaltado que «el dolor es una experiencia vital muy subjetiva y por eso es tan difícil llegar a conclusiones». Ha destacado que «el dolor es una experiencia totalmente personal que no puede ser compartida; aplicando estímulos dolorosos idénticos a distintos individuos, lo perciben de distinta manera. Además, es el síntoma más común por el que acuden a consultar al médico y en el sistema sanitario debe aliviarse siempre».
El Papel Clave de las Enfermeras
En este sentido, las enfermeras, como profesionales más cercanos a los pacientes, tienen un «papel clave» para abordar el dolor crónico en las consultas y visibilizarlo más allá de los hospitales o centros de salud. La subdirectora de Enfermería Quirúrgica y de la Unidad del Dolor del Hospital Universitario Virgen de las Nieves (Granada), Pilar García, sostuvo que el dolor es «una experiencia subjetiva e influida por factores biopsicosociales», generando frecuentemente infravaloración, estigmatización o retrasos diagnósticos.
Aurora Sánchez, enfermera de la Unidad del Dolor del Hospital de La Paz (Madrid), destacó la función «educadora y de acompañamiento» de las enfermeras con los pacientes y sus familias. «Realizamos una valoración integral de la persona, no solo de su dolor, sino de cómo este afecta al sueño, al ánimo, la movilidad… Nos encargamos de educar en autocuidado y técnicas no farmacológicas (higiene postural, técnicas de relajación, uso de medidas físicas…), guiamos en la gestión de la medicación prescrita, vigilamos los efectos secundarios y fomentamos la actividad física, reforzando que disminuye el dolor, el estrés y la discapacidad», explicó.
Asimismo, recalcó que las enfermeras cumplen una «función de soporte y educación», evitando la sobreprotección, detectando el síndrome del cuidador quemado y validando la existencia del dolor, aunque no haya una causa visible.
Los expertos coincidieron en que el abordaje del dolor es siempre multimodal: farmacológico (analgésicos, coadyuvantes, opioides); intervencionista (bloqueos, neuromodulación, bombas de infusión intratecal); rehabilitador y físico; psicológico (terapia cognitivo-conductual); y educativo y de autocuidado.
Entre las alternativas de tratamiento se encuentran las terapias avanzadas (neuroestimulación y bombas intratecales), donde es «fundamental» el papel de la enfermera. La información previa sobre la terapia, el acompañamiento durante todo el proceso del implante y el seguimiento estructurado del paciente influyen «decisivamente» en el éxito de la terapia.
En definitiva, las enfermeras, además de participar en el tratamiento del dolor crónico, lideran «procesos clave» en el manejo integral de la enfermedad, contribuyendo a mejorar la seguridad del paciente y su calidad de vida. «Lideramos consultas específicas de dolor que mejoran los resultados clínicos, la seguridad y la experiencia del paciente, a través de una atención humanizada y un abordaje integral que contempla no solo la enfermedad, sino también la dimensión emocional y social de la persona con dolor», concluyó Pilar García.
