
SANTIAGO DE COMPOSTELA, 3 Abr. (EUROPA PRESS) – La comarca de Ferrolterra se establece como el «plato fuerte» en la compraventa de aldeas abandonadas en Galicia. Mientras tanto, Pontevedra, otro punto estratégico para este tipo de operaciones, se encuentra en un estancamiento debido a la alta demanda en esta zona, que ha incrementado los precios significativamente.
Elvira Fafián, gerente de Aldeas Abandonadas Real Estate, destaca que Lugo «da mucho juego» gracias a la cantidad, calidad y precios de las propiedades en venta, convirtiendo a esta provincia en su «puente principal» en la comunidad. Sin embargo, señala que todavía hay quienes consideran a Lugo «muy interior» y «muy rural», así como el estado de la red de carreteras. Por esta razón, los compradores que más predominan allí son extranjeros «con pocos recursos».
En contraste, Pontevedra se ha convertido en un «lujo» para la adquisición de aldeas abandonadas, ya que el volumen de propiedades es inferior y los precios más altos debido a la alta demanda. «No se están vendiendo», constata Fafián.
Si antaño A Coruña y Vigo eran las principales plazas para este tipo de operaciones en Galicia, ahora Ferrolterra «muy desconocida» está ganando notoriedad con propiedades «muy bonitas y asequibles», especialmente en localidades costeras como Valdoviño y Cariño. Este cambio se atribuye a un esfuerzo de «publicidad» dirigido fuera de las fronteras gallegas.
De acuerdo con el nomenclátor estadístico de Galicia del Instituto Galego de Estatística (IGE), a 1 de enero de 2025, hay 1.960 aldeas con 0 habitantes y 1.200 con un único vecino.
Cambio de tendencia
Regino Coca, CEO de Cocampo, señala que en las búsquedas de propiedades rurales «cada vez es más habitual» encontrar a gente joven, «grupos de amigos urbanitas» que adquieren un grupo de casas o una aldea entera para vivir o disfrutar del ocio.
Cocampo, un portal inmobiliario especializado en el ámbito rural que surgió hace cuatro años, cuenta con unos 70.000 anuncios en toda España. Según Coca, «nuestros clientes son agencias inmobiliarias que antes no gestionaban este tipo de propiedades, pero ahora hay demanda y cada vez más las incorporan», asegurando que su sorpresa radica en el creciente interés por el interior, no solo por la costa.
Se observa que hay en venta explotaciones agrarias cuyos principales compradores son empresas, mientras que las «fincas de recreo» atraen a familias más jóvenes y grupos de amigos. Estos últimos están interesados en «el disfrute sin el gran mantenimiento» que implica vivir en el rural.
Regino Coca enmarca todo este movimiento dentro de «la idea de volver a vivir en el pueblo», con un notable «repunte» tras la pandemia de COVID-19. También Elvira Fafián menciona un «cambio social»; el espacio que antes estaba destinado a personas adineradas o emigrantes retornados que volvían a las aldeas abandonadas ahora lo reclaman otros perfiles, con frecuencia más jóvenes.
La falta de vivienda y las subvenciones para restaurar casas o ruinas, junto con el aumento del teletrabajo y las ganas de «volver al rural», donde la vida es menos costosa y se puede aspirar a una «casa más grande», son factores que fomentan esta tendencia.
Fafián también resalta que las aldeas abandonadas están atrayendo a grupos, cooperativas y autónomos que ven en el ámbito rural un espacio propicio para establecer sus negocios. Galicia se posiciona así como una «zona muy barata» en comparación con otras regiones de España, como Cataluña. No obstante, advierte que «no todo el mundo encaja» y ha habido casos de personas que compran y, «cinco o seis años después», desean vender porque no han encontrado lo que esperaban. Por ello, enfatiza: «Hay que saber a lo que se viene».
