Este viernes llega a los cines ‘La fiera’, una película dirigida por Salvador Calvo que narra la historia de cinco amigos apasionados por el salto base con traje de alas. Este deporte extremo tuvo un desenlace trágico, ya que acabó con la vida de cuatro de ellos, incluyendo a Carlos Suárez, quien falleció durante el rodaje de la cinta, protagonizada por Miguel Ángel Silvestre y Miguel Bernardeau.
La película surge de la curiosidad del director hacia estos deportes espectaculares: «Siempre me he preguntado quién estaba detrás de estos saltos o de estas escaladas tan extremas», confiesa Calvo.
En particular, Calvo narra la historia de Armando del Rey (Miguel Bernardeau), Darío Barrio (Miguel Ángel Silvestre), Carlos Suárez (Carlos Cuevas), Álvaro Bultó (David Marcé) y Manolo Chana (José Manuel Poga). Este grupo compartía una profunda pasión por el salto base, que, con el tiempo, resultó mortal para casi todos sus miembros, salvo Armando, que es el único superviviente tras diversos accidentes.
El último de estos accidentes ocurrió durante la filmación y costó la vida de Carlos Suárez en un salto desde un globo aerostático en Toledo, en abril de 2025.
Calvo asegura que «el accidente de Carlos nos colocó a todos en una posición de ser casi parte de la historia, nos hizo ser más rigurosos y tener una especie de energía especial y sensibilidad para contarla». A pesar de la tragedia, el realizador enfatiza que esta es una historia «vitalista» que expresa la libertad personal de elegir «vivir la vida que queremos».
El director también rinde homenaje a los fallecidos y a sus seres queridos, quienes le han enseñado una valiosa lección: «vivirla intensamente porque nunca sabemos cuándo se nos va a acabar».
La grabación de escenas en la alta montaña, llevadas a cabo en paisajes naturales de España y Suiza, supuso «todo un reto», ya que recrear el salto base en una película «es muy arriesgado». Para lograrlo, el equipo recurrió a dobles y especialistas, técnicas de croma y grúas especiales, asegurando que «el espectador entre en ese mundo y no note que es artificio».
La celebración de la vida y el desafío a la muerte
Bernardeau explica que el reparto intentó «absorber la esencia» del grupo de amigos. A pesar de la carga dramática de la película, han disfrutado celebrar a estas personas «desde la verdad».
El actor que interpreta al único superviviente confiesa: «Armando y yo nos parecemos en muchas cosas», revelando que desarrolló un gran cariño por él durante el proceso de documentación. Para él, «hay algo allá arriba que no entendemos porque no hemos saltado, y que es lo que les lleva a seguir saltando». La experiencia, considera, debe ser «algo mágico».
Por su parte, Silvestre indica que la complejidad no se encontró en las escenas de acción, sino en captar la personalidad de los personajes. Él da vida al cocinero Darío Barrio, quien falleció en 2014 mientras practicaba salto con traje aéreo, descrito como «una persona muy especial y muy conectada a no tenerle miedo a la vida».
Más allá de disfrutar de volar, «ellos le añaden un componente que es el desafío a la muerte», destaca. Transforman el salto en una «celebración del presente, de la intensidad, de la amistad y del momento».
Un deseo más grande que los riesgos
Cuevas, quien da vida a Suárez, enfatiza que el filme busca entender «por qué gente con un entorno estable, un trabajo, una pareja y unos hijos decide hacer algo que le puede costar la vida» y pondera que lo que los impulsa es «un deseo mucho más grande que los riesgos que los rodean».
El actor reflexiona: «No hay inconsciencia, sino una profunda e incómoda consciencia», comparándolos con héroes clásicos porque «aun habiendo la posibilidad de morir, van». Añade que «todos hacemos algo en la vida guiados por la pasión y el deseo, y estamos dispuestos a asumir unos riesgos».
Por otro lado, las actrices Candela González y Stéphanie Magnin, quienes interpretan a las parejas de los protagonistas, muestran cómo es la experiencia desde el punto de vista familiar. «Ellas hacen una reflexión con conocimiento de causa, que no se basa en juzgar», poniendo de relieve que «somos conscientes de que son deportes de riesgo, pero el riesgo está presente en la vida en todo momento».

