Jue. Feb 12th, 2026

Los pingüinos africanos sufren hambre y los padres intentan alimentar a sus crías con piedras

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La crisis del pingüino africano en Sudáfrica

En las costas de Sudáfrica están apareciendo polluelos de pingüino africano con el estómago lleno de pequeñas piedras. No es un capricho extraño, es lo que sus padres han encontrado cuando vuelven del mar prácticamente con las aletas vacías. Personal de la fundación SANCCOB ha documentado estos casos en colonias como Betty’s Bay y los describe como la imagen más cruda de una crisis de hambre que se agrava cada año.

En el fondo, la historia es sencilla y brutal. El pingüino africano depende casi por completo de sardinas y anchoas. En las últimas tres décadas, la especie ha perdido cerca de un 80 % de su población y hoy quedan menos de 10.000 parejas reproductoras en libertad, por lo que la UICN la ha reclasificado como especie en Peligro Crítico, un solo paso antes de la extinción en estado silvestre. Organizaciones de conservación calculan que, si nada cambia, podría quedar prácticamente extinguida en la naturaleza alrededor de 2035.

Cuando el mar deja de alimentar

¿Qué ha pasado para que un pingüino acabe alimentando a su cría con piedras? Según SANCCOB y otros centros de investigación, la respuesta está en el colapso de las poblaciones de sardina y anchoa en la región. El calentamiento del océano y los cambios en la salinidad han desplazado las zonas de desove y las grandes manchas de peces, mientras que la pesca industrial sigue concentrándose en áreas tradicionales que ya no son tan productivas.

El resultado se nota en la tripa de las aves. En colonias como la Reserva Natural de Stony Point se han multiplicado los polluelos abandonados o extremadamente delgados. El personal de campo habla de crías que picotean arena y piedras cuando pasan demasiadas horas sin recibir alimento, y de padres que regresan tan débiles que ya no son capaces de sacar adelante la puesta. En palabras de la técnica de conservación Robyn Fraser-Knowles, citada por la propia SANCCOB, los progenitores se han visto tan desesperados que han acabado llevando piedras a los nidos, algo impensable hace apenas unos años.

Además de la falta de peces, estos pingüinos se enfrentan a olas de calor, temporales que destruyen nidos, depredadores como focas y tiburones que aprovechan cualquier debilidad, contaminación por hidrocarburos y enfermedades como la gripe aviar y la malaria aviar. Por eso, los expertos insisten en que no existe una única causa, aunque la escasez de alimento actúa como detonante de casi todo lo demás.

La ciencia pone cifras a la tragedia

Un estudio reciente del Departamento de Bosques, Pesca y Medio Ambiente de Sudáfrica y la Universidad de Exeter ha puesto números a esa sensación de hambre crónica. Analizando dos colonias históricas, Dassen Island y Robben Island, el equipo concluye que alrededor del 95 % de las aves que criaban allí en 2004 murieron en los ocho años siguientes. En total, se estima la pérdida de unas 62.000 aves adultas, en gran medida por inanición ligada al desplome de la sardina.

La investigación identifica una fase especialmente delicada: la muda anual. Cada año, los pingüinos deben permanecer en tierra unas tres semanas mientras cambian todas sus plumas. Durante ese tiempo no pueden nadar ni pescar, así que necesitan llegar con reservas de grasa suficientes y recuperarlas rápido al terminar. El problema es que, desde 2004, casi todos los años, la biomasa de sardina frente a la costa oeste sudafricana ha caído por debajo del 25 % de su máximo histórico, justo cuando más la necesitan.

Cuando esas reservas fallan, la muda se convierte en una trampa. Muchos adultos no consiguen engordar lo bastante antes de cambiar el plumaje o no logran recuperar peso después. Los científicos señalan que la mortalidad de adultos en esta etapa se ha disparado y esto explica buena parte del derrumbe de las colonias. Es una especie de factura del supermercado que ya no se puede pagar.

Situación de los pingüinos africanos | Vídeo: SANCCOB

Medidas urgentes y margen de maniobra

Ante este panorama, las organizaciones conservacionistas han empujado durante años para que se limite la pesca en las zonas donde se alimentan los pingüinos. Tras una batalla legal, en 2025 se acordó ampliar las zonas de exclusión pesquera alrededor de seis colonias clave, entre ellas St. Croix, Dyer Island y la propia Robben Island, con un cierre completo de sardina y anchoa en un radio cercano a los 20 kilómetros en algunos casos durante una década.

La buena noticia es que estos cierres pueden ayudar a estabilizar poblaciones locales, según los modelos que manejan tanto SANCCOB como BirdLife South Africa y otros grupos científicos. La mala es que, hoy por hoy, las zonas protegidas siguen sin cubrir todos los corredores de alimentación y el stock de sardina continúa en niveles muy bajos, por lo que los expertos piden ampliar las áreas de no pesca y ajustar los cupos cuando el recurso cae por debajo de determinados umbrales.

Mientras tanto, en los centros de SANCCOB se trabaja a contrarreloj. Cada año ingresan cientos de huevos y polluelos abandonados, además de adultos exhaustos, que son atendidos, alimentados y liberados cuando recuperan peso. Desde que arrancaron estos programas, se han reintroducido más de 10.000 pingüinos africanos, un esfuerzo enorme que, sin embargo, no basta por sí solo si el océano sigue vacío.

Qué puede hacer quien está lejos de Sudáfrica

Vista desde Europa, esta historia puede parecer lejana, pero las decisiones de consumo también cuentan. Las organizaciones que trabajan con el pingüino africano recomiendan reducir el uso de sardina y anchoa como harina de pescado para ganado y mascotas, priorizar productos pesqueros certificados como sostenibles y apoyar campañas que reclaman una gestión más prudente de estos recursos. En la práctica, es revisar un poco mejor la etiqueta del pescado antes de meterlo en la cesta.

Los científicos recuerdan que el pingüino africano funciona como especie indicadora. Cuando su población se hunde, es porque el ecosistema marino que tiene detrás también está fallando. Si ellos no tienen asegurado su alimento, el problema tarde o temprano acaba alcanzando a las personas. Y eso tampoco es poca cosa.

El nuevo estudio científico sobre la mortalidad masiva de pingüinos africanos se ha publicado en la revista Ostrich (Journal of African Ornithology).

FUENTE

Constanza Sanchez

Por Constanza Sanchez

Soy periodista especializada en comunicación digital y producción de contenidos multimedia. Combino redacción, análisis de audiencias y SEO para crear historias claras y relevantes. Me enfoco en formatos innovadores, narrativas visuales y en desarrollar contenidos que conecten con comunidades diversas en entornos informativos dinámicos.

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