
MADRID, 14 Feb. (EUROPA PRESS) – Las extensiones de cabello se han convertido en un básico de belleza: permiten cambiar de look al instante, alargar, dar volumen y jugar con el color sin tocar el propio pelo. Pueden estar hechas de fibras sintéticas y materiales de origen biológico, incluido cabello humano, y a menudo se tratan con productos químicos para hacerlas resistentes al fuego, impermeables o antimicrobianas.
Lo que está claro es que las empresas rara vez revelan los químicos utilizados para lograr estas propiedades, lo que deja a los consumidores sin información sobre los riesgos para la salud que conlleva el uso prolongado. Estas fibras se asientan directamente sobre el cuero cabelludo y el cuello, y al calentarlas y peinarlas, pueden liberar sustancias químicas al aire que quienes las usan podrían respirar.
¿Qué han analizado exactamente en las extensiones de cabello?
En el análisis más completo hasta la fecha, un nuevo estudio del Silent Spring Institute (Estados Unidos) ha identificado docenas de sustancias químicas peligrosas en las extensiones de cabello, incluidos los productos hechos con cabello humano, lo que proporciona la evidencia más sólida hasta el momento de los posibles riesgos para la salud asociados con esta categoría de productos de belleza en gran medida no regulada que afecta desproporcionadamente a las mujeres negras.
Publicado en la revista ‘Environment & Health’ de la American Chemical Society, el estudio surge en medio de una creciente preocupación por los efectos en la salud de las extensiones de cabello.
«Si bien informes anteriores han encontrado algunas sustancias químicas preocupantes en las extensiones de cabello, aún desconocemos mucho sobre su composición química general. Queríamos comprender mejor la magnitud del problema», expone la doctora Elissia Franklin, autora principal e investigadora del Instituto Silent Spring.
Para el estudio, Franklin compró 43 productos populares de extensiones de cabello en línea y en tiendas locales de productos de belleza. Clasificó los productos por tipo de fibra: sintética (principalmente polímeros plásticos) o de origen biológico (incluyendo fibra humana, de plátano o de seda) y los clasificó según sus características. Diecinueve de las muestras sintéticas afirmaban ser ignífugas, tres eran resistentes al agua, nueve resistentes al calor y tres incluían características ecológicas como «sin PVC» o «no tóxico».
Los investigadores emplearon una técnica denominada análisis no dirigido para analizar las muestras en busca de una amplia gama de sustancias químicas, incluyendo compuestos que no suelen analizarse en productos. Mediante cromatografía de gases bidimensional con espectrometría de masas de alta resolución, el equipo detectó más de 900 firmas químicas, capturando tanto sustancias conocidas como desconocidas.
Posteriormente, se empleó un software de aprendizaje automático para comparar estas firmas con una biblioteca química, identificando finalmente 169 sustancias químicas de nueve clases estructurales principales.
Retardantes de llama, ftalatos y compuestos ligados al cáncer de mama
El análisis reveló docenas de sustancias peligrosas relacionadas con cáncer, alteraciones hormonales, problemas de desarrollo y efectos sobre el sistema inmunitario. Entre ellas se encontraban retardantes de llama, ftalatos, pesticidas, estireno, tetracloroetano y compuestos organoestánicos.
Así, entre los principales hallazgos, destaca que todas las muestras, excepto dos, contenían sustancias químicas peligrosas, y ambas estaban etiquetadas como «no tóxicas» o «libres de tóxicos».
Por otra parte, 48 productos químicos aparecieron en las principales listas de peligro, incluidos 12 enumerados en la Proposición 65 de California por causar cáncer, defectos de nacimiento o daños reproductivos. Asimismo, se encontraron cuatro retardantes de llama en muestras sintéticas y de origen biológico y 17 sustancias químicas relacionadas con el cáncer de mama en 36 muestras, incluidos compuestos que se sabe que alteran las hormonas de maneras que aumentan el riesgo.
Casi el 10 por ciento de las muestras contenían compuestos organoestánicos tóxicos, algunos en concentraciones que excedían los niveles considerados saludables establecidos en la Unión Europea, donde estos productos químicos están regulados.
«Nos sorprendió especialmente encontrar organoestánicos. Estos se usan comúnmente como estabilizadores térmicos en PVC y se han relacionado con la irritación de la piel, una queja común entre los usuarios de extensiones de cabello», cuenta Franklin. Los organoestánicos también se han relacionado con el cáncer y la alteración hormonal.
¿Qué pueden hacer ahora las consumidoras y cómo debería responder la regulación?
Se proyecta que el mercado mundial de extensiones de cabello superará los 14.000 millones de dólares en 2028 (12.000 millones de euros), y que Estados Unidos lidera las importaciones mundiales. «Estos hallazgos dejan claro que se necesita urgentemente una supervisión más estricta para proteger a los consumidores e impulsar a las empresas a invertir en la fabricación de productos más seguros», afirma Franklin.
En particular, muchos productos contenían sustancias químicas incluidas en la Proposición 65, lo que sugiere que las extensiones de cabello deberían estar reguladas más estrictamente y llevar advertencias para los consumidores.
La financiación para este proyecto fue proporcionada por una subvención Beauty Justice del Fondo de Defensa Ambiental y donaciones caritativas al Silent Spring Institute, incluido el Programa de Productos Químicos Más Seguros del Instituto.

