Un reciente estudio, liderado por la Universitat de Barcelona (UB) y la Universitat de Girona (UdG) y publicado en Marine Pollution Bulletin, ha logrado por primera vez reproducir condiciones reales de contaminación por microplásticos en el Mediterráneo para analizar su impacto en dos especies clave: la gorgonia blanca (Eunicella singularis) y la gorgonia roja (Paramuricea clavata).
Los resultados son contundentes: la respiración celular se reduce significativamente, lo que implica una menor captación de oxígeno y, por tanto, una caída directa en la actividad metabólica. Este tipo de alteración no destruye al organismo de forma inmediata, pero lo debilita progresivamente.
Microplásticos alteran metabolismo de gorgonias en el Mediterráneo, y lo hacen afectando uno de los procesos más básicos de la vida.
Un daño invisible que podría cambiar todo el ecosistema marino
Lo más inquietante del estudio es que, pese a estos cambios fisiológicos, no se detectaron daños visibles en tejidos ni células. Esto significa que el impacto de los microplásticos puede pasar desapercibido durante años mientras el ecosistema se degrada lentamente.
Las gorgonias no son organismos secundarios: crean estructuras tridimensionales que funcionan como refugio para peces, invertebrados y numerosas especies asociadas. Si su rendimiento energético disminuye, todo el sistema que depende de ellas se resiente.
Tres meses, tres plásticos y una señal clara de alerta
El experimento simuló condiciones reales utilizando partículas de PET (tereftalato de polietileno), poliestireno (PS) y polipropileno (PP), tres de los plásticos más comunes en el medio marino.
Durante los 90 días de exposición, las gorgonias no solo ingirieron microplásticos —especialmente PET—, sino que mostraron una respuesta fisiológica clara: reducción de la respiración y adaptación metabólica.
Según la investigadora Núria Viladrich (IRBio-UB), esta reacción podría interpretarse como una estrategia de ahorro energético frente al estrés ambiental.
Resistencia aparente, pero con un coste energético oculto
A pesar de todo, las gorgonias lograron mantener estable su capacidad de alimentación y su contenido de materia orgánica, lo que indica que intentan compensar el impacto metabólico.
Además, los científicos comprobaron que estos organismos pueden expulsar los microplásticos ingeridos, evitando su acumulación a largo plazo. Sin embargo, esta aparente resiliencia tiene un precio: un gasto energético adicional que puede debilitar a la colonia con el tiempo.
Microplásticos alteran metabolismo de gorgonias en el Mediterráneo, incluso cuando estas parecen resistir.
Cuando el problema no es morir, sino funcionar peor
El verdadero riesgo no es la muerte inmediata, sino la pérdida de eficiencia biológica. Un organismo que respira menos, que optimiza su energía al límite y que vive bajo estrés constante es un organismo que deja de cumplir plenamente su función ecológica.
El investigador Odei Garcia-Garin (UdG e IRBio) advierte que cualquier alteración en estas especies puede desencadenar efectos en cascada sobre muchas otras.
En ecosistemas complejos, pequeños cambios en especies clave pueden provocar transformaciones profundas.
El Mediterráneo ante una amenaza silenciosa y creciente
El Mediterráneo es uno de los mares más contaminados por microplásticos del planeta, con concentraciones que en algunas zonas superan las de océanos abiertos debido a su carácter semi cerrado y a la intensa actividad humana en sus costas. Este estudio aporta una pieza clave: demuestra que incluso niveles actuales, considerados “normales”, ya están generando efectos biológicos medibles.
Microplásticos alteran metabolismo de gorgonias en el Mediterráneo, confirmando que la contaminación ya no es solo visible… sino sistémica.
Microplásticos alteran metabolismo de gorgonias en el Mediterráneo, y el problema no es lo que vemos, sino lo que aún no somos capaces de percibir a simple vista. Porque cuando los pilares invisibles del ecosistema empiezan a fallar, el colapso no llega de golpe… llega cuando ya es demasiado tarde para reaccionar.
En pruebas controladas con plásticos comunes, estos organismos ingirieron partículas y mostraron una respiración reducida. Su respuesta apunta a un ajuste metabólico, probablemente un intento de hacer frente a las condiciones de estrés ambiental persistentes.
Si bien mantienen su alimentación y pueden expulsar plásticos, esta resistencia tiene un coste muy alto. La energía se desvía hacia la supervivencia, lo que reduce la eficiencia del resto de los sistemas y puede desencadenar consecuencias ecológicas más amplias con el tiempo.
