El cantante Mika durante la entrevista con EFE. EFE/ Chema Moya
Javier Herrero | Madrid (EFE).- En un mundo sobrestimulado, “hiperinformado e hipercompetitivo”, Mika reivindica en su último disco una noción de amor exaltado que es, en realidad, una metáfora de urgencia por volver a conectar con la vida, con el sentimiento y con lo auténtico, también en la manera de hacer música fresca y aún original.
“Crecer en el mundo del pop es muy difícil, sobre todo porque lo hemos convertido casi en una palabra sucia que sirve para justificar una música creada por 45 personas en una oficina discográfica, todo calculado para ser optimizado comercialmente”, reconoce en una charla con EFE celebrada este martes en Madrid.
En un español muy fluido, como ha demostrado en los últimos meses como juez del concurso ‘La Voz’, Mika ha querido por ello concebir su disco ‘Hyperlove’ (Universal), en la calle desde hace unas semanas, de nuevo desde el piano “como brújula creativa” y darle forma con medios puramente analógicos, incluidos instrumentos de los años 60, 70 y 80.
“Esa decisión ha sido muy impactante tanto en el presupuesto como en el tiempo para hacerlo. Con un ordenador todo habría sido más fácil, pero así ha sido como una medicina para mí”, justifica sobre esa elección para confeccionar un disco que, paradójicamente, es puro pop electrónico.
Para él, explica, es parte de su necesidad de seguir conectado con el pop y la música en general: “El pop en realidad tiene esa libertad creativa total para experimentar y hablar de cosas a veces muy raras, pero manteniendo una accesibilidad. Para mí es la única manera de continuar desarrollando un lenguaje pop como un señor de casi 43 años”.
Hace ya 19 años que Michael Holbrook Penniman Jr (Beirut, 1983) saltó a la fama gracias a su primer álbum, ‘Life in Cartoon Motion’, con éxitos orgullosamente pop y coloridos como ‘Relax, Take it Easy’, ‘Love Today’ y, sobre todo, ‘Grace Kelly’.
“Me da pena que España no esté en Eurovisión”
Entre las conclusiones personales a las que llega el álbum está la del último corte, ‘Inmortal Love’, que no está dedicado a un interés romántico, sino a una de las formas más puras que existen de amor: el que se puede sentir hacia un perro, en su caso, su golden retriever, fallecido hace tan solo unas tres semanas.
“Casi al final de la escritura del álbum le miré a los ojos y me sentí tonto por estar hablando de sexo, de familia, de amor violento o de amores maravillosos y no darme cuenta de que lo tenía a él ahí, que me había acompañado 16 años y en 7 álbumes”, reflexiona, antes de lamentar que a menudo, cuando “hablamos del amor a un perro, lo hagamos con vergüenza”.
Mika conviene que nos encontramos “en un mundo donde la sensación de la comunidad verdadera está perdida”, algo que se percibe incluso en un foro nacido para la unión como Eurovisión, un festival que él presentó en 2022 en Turín, el año en que se tomó la decisión unánime de expulsar de Rusia por la invasión de Ucrania.
“Me da pena que España no esté en Eurovisión. Al mismo tiempo, pienso que cada país tiene cierta responsabilidad de representar la temperatura y la opinión de su población”, subraya el artista ante el clima de división generado este año por la presencia de una delegación israelí pese al genocidio en Gaza. “No me gustan estas tensiones ni la falta de una opinión unificada”, concluye.

