
MADRID, 3 Abr. (EDIZIONES) – El titular interpela a una creencia profundamente arraigada: que nuestro destino está escrito en los genes. Sin embargo, la ciencia actual nos presenta un panorama mucho más complejo y esperanzador. La epigenética, el campo que estudia cómo el entorno y los hábitos modulan la expresión de los genes, demuestra que factores como la alimentación, el sueño, el sedentarismo y la exposición a tóxicos como el tabaco o el alcohol pueden influir de manera decisiva en nuestra salud, incluso dejando huella en generaciones futuras.
No obstante, la doctora María Berdasco, experta en biología molecular y jefa del grupo de Terapias Epigenéticas en el Instituto de Investigación contra la Leucemia Josep Carreras de Barcelona, advierte que este conocimiento se está simplificando peligrosamente en el discurso público: ni todo depende de la herencia, ni todo puede explicarse por decisiones individuales. En plena era de la desinformación sanitaria, entender hasta dónde llega realmente nuestro margen de acción y dónde empiezan los límites de la biología se ha convertido en una cuestión clave para no caer en mitos, culpabilización o falsas promesas.
Con motivo de la reciente publicación de ‘Reescribirnos’ (Espasa, Planeta), Berdasco explica que a través de nuestros estilos de vida y exposiciones ambientales podemos modificar la expresión de nuestros genes; un concepto que se conoce como ‘epigenética’. «Lo que comemos condiciona nuestro peso corporal, especialmente lo que comemos mal. A veces no podemos excusar todas nuestras enfermedades en lo que heredamos, pero tampoco podemos responsabilizar todo a la epigenética», dice Berdasco. La obesidad, por ejemplo, muestra que existen genes que predisponen a esta enfermedad, pero su desarrollo depende de los hábitos que favorezcan su aparición.
La epigenética transgeneracional
En ‘Reescribirnos’, la doctora también aborda el debate sobre la epigenética transgeneracional y hasta qué punto nuestros malos hábitos en la salud pueden transmitirse a la descendencia como un legado epigenético. «Este es un tema controvertido porque tiene consecuencias tremendas: lo que yo hago puede influir en la salud o enfermedad de las generaciones venideras, lo que lleva a reflexionar sobre el sentido de responsabilidad», explica.
Sin embargo, destaca que faltan comprobaciones experimentales en poblaciones humanas que permitan afirmar con certeza que esto es así. «Se necesitarían estudios en tres generaciones, de abuelos a nietos, donde el inductor del cambio se dé en la primera generación, como el efecto del tabaco en los padres, y en los hijos y nietos no fumes. Esto es difícil de obtener en humanos», añade.
A pesar de ello, Berdasco menciona estudios en ratones que han mostrado que la exposición a productos químicos del tabaco puede modificar epigenéticamente el esperma, generando efectos que «se pueden heredar 3-4 generaciones después». En los humanos, hay evidencias científicas que apuntan a ejemplos como una hambruna en los Países Bajos tras la Segunda Guerra Mundial, donde quienes vivieron esa hambruna en el primer trimestre de embarazo presentaron una mayor predisposición a enfermedades cardiovasculares en sus hijos, asociándose a cambios epigenéticos.
No solo los hijos heredan cambios epigenéticos de la madre, sino que también influyen los de los padres. «Si unos padres varones fuman, esos cambios epigenéticos se pueden trasladar a los hijos a través del esperma», precisa. Además, señala que «no solo lo malo puede ser heredado», ya que ensayos en laboratorio han demostrado que incluso se puede transmitir lo positivo, aunque necesita más evidencias para afirmarlo con certeza.
Los malos hábitos en salud
Entre los factores que alteran nuestra epigenética y pueden poner en riesgo nuestra salud, Berdasco destaca la importancia del sueño, enfatizando la necesidad de mantener ciclos de sueño normales y rutinas que se adapten a los ciclos de luz. La exposición a pantallas a última hora de la noche es un aspecto negativo en este sentido.
El sedentarismo también es un mal hábito que afecta negativamente a la epigenética, asociándose con problemas metabólicos, control de peso, diabetes y salud mental. La doctora también menciona el estrés y una alimentación inadecuada, que debe ser rica en verduras y fibra, además de evitar la exposición a tóxicos ambientales, principalmente alcohol y tabaco.

