Según un análisis reciente, los episodios de estrés térmico extremo se han más que duplicado en los últimos 40 años, y ya se han registrado puntualmente valores de bulbo húmedo cercanos o superiores a 35 °C en zonas del Golfo Pérsico y del sur de Asia. En España, el aire suele ser más seco; incluso con 42 °C en la calle, la temperatura de bulbo húmedo se queda por debajo del límite teórico de 35 °C. La amenaza no radica tanto en un «golpe» único de calor húmedo, sino en la acumulación de días y noches muy cálidos en series cada vez más largas, lo que dificulta el descanso y castiga a quienes ya tienen problemas de salud o no pueden permitirse aire acondicionado.
Qué proyectan los modelos para el sur peninsular
El informe técnico “The Future We Don’t Want”, elaborado por la Urban Climate Change Research Network y C40 Cities, utiliza proyecciones del conjunto de modelos NEX-GDDP del NASA Earth Exchange. Define “calor extremo” como aquellos lugares donde la media de las máximas en los tres meses más cálidos del año alcanza al menos 35 °C.
Hoy, según ese análisis, unas 350 ciudades ya viven veranos con esa intensidad térmica. Para los años cincuenta del siglo, se estima que podrían ser más de 970 ciudades y más de 1.600 millones de personas expuestas en áreas urbanas, si el calentamiento global sigue sin freno.
Aunque el documento no etiqueta regiones enteras como inhabitables, los mapas sitúan al Mediterráneo entre las zonas donde más crecerá la exposición a calor extremo, junto al Golfo Pérsico y el sur de Asia. Medios como Sur in English o La Razón han cruzado esos datos con proyecciones para la península y señalan que Madrid, parte de la Comunidad Valenciana y amplias zonas de Andalucía podrían acumular hacia 2050 unos tres meses seguidos con máximas diarias de 35 °C o más bajo un escenario de altas emisiones.
Otros trabajos independientes refuerzan la idea de que el sur de Europa será uno de los puntos calientes del continente. Un estudio reciente con modelos regionales de alta resolución para 36 grandes ciudades europeas sitúa a Madrid entre las urbes que más aumentarán sus días por encima de 30 °C y la intensidad de las olas de calor cuando Europa se haya calentado unos 3 °C respecto a finales del siglo pasado.
¿Serán “inhabitables” Sevilla, Málaga o Madrid?
En términos científicos, la palabra “inhabitable” no aparece aplicada a provincias concretas en estos informes. Lo que sí se señala es que el estrés térmico extremo será más frecuente y que aumentará la presión sobre la salud pública, la red eléctrica y el suministro de agua en ciudades como Sevilla, Málaga, Granada o Almería.
¿Qué significa esto en la práctica para quien vive en un piso sin buena ventilación, trabaja en la calle o pasa horas en un atasco bajo el sol? Más días por encima de 35 °C implican más noches tropicales en las que la vivienda apenas se enfría, más gasto en la factura de la luz para poder dormir, más riesgo de golpes de calor y más ingresos hospitalarios entre personas mayores o con enfermedad cardiovascular.
El margen de maniobra pasa por dos vías que se refuerzan. Reducir emisiones para evitar que el calentamiento global siga el escenario más extremo y adaptar las ciudades para hacerlas más habitables en un clima más cálido. Eso significa más arbolado y sombra en calles y plazas, suelos menos asfaltados en favor de superficies claras que reflejen radiación, transporte público y logística de reparto eléctricas que no añadan ruido ni gases a un aire ya recalentado, y planes de alerta que protejan a quienes viven solos o en barrios con menos recursos.
Desde el lado ciudadano, medidas tan sencillas como reorganizar horarios para evitar las horas centrales, hidratarse más, ventilar la vivienda en las madrugadas más frescas y estar pendientes de vecinos vulnerables pueden marcar la diferencia en una ola de calor que dura semanas. No resolverán el problema de fondo, pero ayudan a ganar tiempo mientras las políticas climáticas hacen su trabajo.
El análisis divulgativo de la NASA que resume la evidencia sobre estos límites térmicos, “Too Hot to Handle. How Climate Change May Make Some Places Too Hot to Live”, ha sido publicado en NASA Science.
