
MADRID, 27 Abr. (EUROPA PRESS) – La neuralgia del trigémino, que ocurre cuando un vaso sanguíneo comprime este nervio de la cara, se caracteriza por crisis repetidas de dolor «brusco» que pueden llegar a ser muy incapacitantes. Así lo explica el neurocirujano del equipo del doctor José Manuel del Pozo del Hospital Ruber Internacional, Juan Carlos Gómez Angulo.
El nervio trigémino es responsable de recoger la sensibilidad de la cara—dolor, temperatura o tacto—y es «clave» en funciones como la masticación. Aunque poco conocida, esta patología afecta a miles de personas en España.
El doctor Gómez Angulo señala que el trigémino es como un cable que recoge toda la sensibilidad de la cara. Cuando ese ‘cable’ se estropea, generalmente porque un vaso sanguíneo lo comprime, empieza a enviar señales de dolor brutales.
Los pacientes describen estos episodios como «descargas eléctricas», que suelen desencadenarse por acciones cotidianas como hablar, masticar o incluso por el simple roce de la piel o el viento en la cara. La localización del dolor es «muy precisa» en un lado de la cara.
Se pierde la capa que protege el nervio
Gómez Angulo también menciona que el problema radica en la mielina, la capa que protege el nervio. Cuando se pierde ese aislamiento, el nervio entra en «una especie de cortocircuito», de modo que «estímulos normales desencadenan un dolor desproporcionado».
Aunque el dolor es muy característico, su diagnóstico no se basa en pruebas de laboratorio. «El diagnóstico es fundamentalmente clínico, es decir, depende de lo que el paciente nos cuenta. No hay un análisis que lo confirme», afirma el doctor.
Las pruebas de imagen, como la resonancia magnética, son complementarias y ayudan a descartar otras causas o identificar el vaso sanguíneo que comprime el nervio.
Aunque no se trata de una patología degenerativa en sí misma, su evolución puede afectar «gravemente» a la calidad de vida si no se trata adecuadamente. «No destruye el nervio, pero sí suele empeorar con el tiempo. Las crisis se hacen más frecuentes, más largas y los fármacos pierden eficacia. Por eso es importante no resignarse y buscar soluciones», advierte el neurocirujano.
El tratamiento inicial es farmacológico, y está dirigido a controlar la hiperactividad del nervio. Estos fármacos suelen funcionar bien al principio, pero con el tiempo pueden «perder eficacia y producir efectos secundarios importantes como somnolencia o dificultad para concentrarse».
Cuando el tratamiento médico deja de ser «eficaz o tolerable», se considera que el caso es «resistente» y se valoran otras opciones, como la cirugía abierta o los procedimientos mínimamente invasivos.
La descompresión microvascular se presenta como la opción más definitiva porque actúa directamente sobre la causa, separando el vaso del nervio. Sin embargo, existen técnicas menos invasivas, como los procedimientos percutáneos o la radiocirugía estereotaxica con Gamma Knife.
Entre estas opciones menos invasivas, destaca la técnica de compresión con balón, que se realiza mediante un abordaje percutáneo. Esta técnica consiste en introducir un pequeño balón que comprime el nervio para interrumpir las señales de dolor, haciéndose a través de sedación y sin necesidad de abrir la cabeza.
Por otro lado, la radiocirugía estereotaxica con Gamma Knife es útil para aquellos pacientes que, por razones médicas o edad avanzada, no puedan o simplemente no quieran operarse. Esta opción no requiere ingreso hospitalario y es «muy bien tolerada», aunque el efecto no es inmediato y los resultados suelen aparecer semanas después del tratamiento.
Aun así, la elección del tratamiento depende de múltiples factores, como la edad, el estado de salud o las preferencias del paciente. Por ello, el neurocirujano ha enfatizado la importancia de acudir a centros que cuenten con equipos multidisciplinares y experiencia en las distintas alternativas terapéuticas, ya que esto permite «ofrecer un abordaje más completo y adaptado a cada caso».

