MADRID, 27 Feb. (EUROPA PRESS) – La subinspectora del Cuerpo Nacional de Policía que denunció por acoso al comisario Emilio de la Calle, actual consejero de Interior en la Embajada española en la India, ha solicitado a la Audiencia Nacional el procesamiento de quien fue su superior jerárquico en Nueva Delhi.
En un escrito, la representación de la supuesta víctima, compuesta por los letrados Álvaro Bernad, Verónica Suárez, Napoleón Cánovas y Juan Antonio Frago del despacho Frago & Suárez Abogados, ha pedido al juez Francisco de Jorge que concluya la investigación, considerando que las diligencias realizadas «corroboran la totalidad de los hechos delictivos narrados en la querella».
Esta solicitud se produce tras la orden de alejamiento impuesta a De la Calle por la Sala de lo Penal el pasado mes de junio. El comisario no puede comunicarse, ni siquiera a través de terceros, con la subinspectora.
La querella que inició la investigación señala que los hechos descritos podrían ser constitutivos de delitos de acoso (‘stalking’), acoso laboral (‘mobbing’), lesiones, amenazas, agresión sexual, delito contra la intimidad y acoso sexual.
Concretamente, se relata que De la Calle y la supuesta víctima trabajaban juntos desde el 30 de julio de 2024 en la Embajada española en Nueva Delhi: «Estaban solos dentro de la oficina; allí no había más personal, ni ayudantes, ni secretarios».
Numerosas conductas delictivas
La denuncia destaca que, desde ese día, tras la llegada de la subinspectora, el comisario «previniendo de ese ambiente íntimo que le generaba una sensación de impunidad y de su posición jerárquica (…) realizó conscientemente numerosas conductas delictivas» hacia ella.
Los abogados de la subinspectora argumentan que el comisario «ejerce consciente y deliberadamente un control sistemático sobre la vida privada» de su subalterna, frecuentando la calle donde reside, controlando sus rutinas e intentando aislarla socialmente al fiscalizar «con quién podía verse» y prohibiéndole el contacto con diversas personas que consideraba «peligrosas» sin justificación.
Este control sobre su vida cotidiana provocó que la subinspectora no mantuviera relaciones con otros empleados de la Embajada. En un encuentro clandestino con otro trabajador de Seguridad, la subinspectora confesó que al ver edificios altos experimentaba ideaciones suicidas.
Además, el comisario también ejerció control sobre la subinspectora a través de terceros, como la empleada de limpieza que compartían, quien le informaba a la víctima que él preguntaba sobre su vida. En una ocasión, el comisario llegó a mencionar que «sabía que tenía un ‘Satisfyer’ (un juguete sexual femenino) y le instó a usarlo».
El ‘mobbing’: el móvil las 24 horas
La querella detalla que De la Calle sometió a la subinspectora en el ámbito laboral a actos «denigrantes y hostigadores», como llamadas y mensajes continuos «fuera del horario laboral y sin relación con el trabajo».
El comisario exigía que la subinspectora estuviera pendiente de su teléfono móvil las 24 horas del día, los siete días de la semana. Si no respondía de inmediato a las llamadas, recibía reprimendas desproporcionadas. En una ocasión, llegó incluso a hacerla entrar al baño con su teléfono: «Que cagues con el teléfono».
La querella señalaba también que los insultos y descalificaciones eran frecuentes, burlándose de ella con voces y llamándola «cutre», «jeta», «mentirosa» y amenazándola con «una hostia».
La documentación presentada incluye ejemplos de las amenazas recibidas, como: «Te dejo, o sea, como un trozo de carne. Te reviento. O sea, no quiero. Te he cuidado, pero no me vuelvas a tocar más los cojones. Porque no creo que seas imbécil. Y a veces me da la impresión de que lo eres. Porque si haces estas cosas después de las veces que te lo digo, es que eres retrasada mental.»
Además de estas amenazas, el comisario llegó a agredir físicamente a la subinspectora, propinándole collejas y en una fiesta en la Embajada de Hungría, llegó a arrastrarla de forma violenta en público, causando incluso la preocupación del cónsul húngaro, Zsolt M. Wittmann.
Asimismo, el comisario amenazó a la subinspectora con hundir su carrera profesional, advirtiéndole que tenía el poder para hacerlo, lo que establece un claro exceso para amedrentarla aún más.

