Mié. Abr 15th, 2026

Noruega rompe barreras con un material que genera agua del aire, incluso en condiciones de baja

Noruega rompe barreras con un material que genera agua del aire, incluso en condiciones de baja

Innovación en Generadores de Agua Atmosférica

En un mundo donde el grifo no siempre es sinónimo de agua segura, cualquier tecnología que permita obtener agua cerca de donde se necesita llama la atención. La Organización Mundial de la Salud (OMS) y UNICEF estiman que 1 de cada 4 personas, unos 2.100 millones, todavía no tienen acceso a agua potable gestionada de forma segura.

Ahora, un equipo de SINTEF en Noruega ha desarrollado un nuevo material plástico inspirado en polímeros similares a los de los pañales. Su objetivo no es hacer magia, sino mejorar un punto débil muy real de los generadores de agua atmosférica: su alto consumo cuando el aire es seco.

El problema de “sacar agua” cuando el aire está seco

Los generadores atmosféricos de agua ya existen y, en muchos casos, funcionan como un deshumidificador doméstico. En la práctica, enfrían el aire hasta que el vapor de agua se condensa y cae a un depósito, un proceso conocido como “enfriamiento y condensación”.

El inconveniente aparece justo donde más aprieta la escasez. Según explica el investigador Roberto Mennitto, cuando la humedad relativa baja de alrededor del 50%, el consumo energético se dispara y la tecnología se vuelve cara para regiones áridas.

La “receta” del material que propone SINTEF

La nueva propuesta no se basa en refrigerar aire de forma continua, sino en usar un material capaz de atrapar humedad, como si tuviera pequeños “imanes” para las moléculas de agua. Ese material es un polímero con dos piezas principales: un elastómero blando (similar a la silicona o al caucho) y un polímero superabsorbente parecido al de los pañales.

¿Por qué esa mezcla importa? Porque permite recoger mucha agua sin que el material se deshaga con facilidad, algo que ha pasado con otros diseños en pruebas de producción. Y cuando se piensa en soluciones para emergencias o lugares remotos, la estabilidad es fundamental.

Además, el equipo subraya que el material es flexible y se puede fabricar como laminado, recubrimiento o incluso pieza impresa en 3D. Mennitto también destaca que buscan mantener el coste bajo utilizando materias primas asequibles y un proceso con pocos pasos, sin disolventes caros o tóxicos; parte del material podría llegar a fabricarse a partir de biomasa.

Captar primero, liberar después

El proceso que describen separa dos momentos que, en la vida real, suelen pelearse. Primero, el material absorbe la humedad del aire y se va “cargando” hasta saturarse.

Después, llega la fase de liberación, en la que se aplica calor para que el agua salga del polímero y se recoja en un depósito. Mennitto lo compara con el efecto de un secador sobre el pelo mojado: el aire caliente ayuda a extraer el agua, que luego acaba condensando en el tanque.

En pruebas, el equipo afirma que el material no mostró degradación tras 120 horas de funcionamiento estable. Este dato es relevante porque la durabilidad, y no solo la captación, suele marcar la diferencia entre una idea prometedora y un dispositivo que pueda usarse sin un mantenimiento constante.

¿Para qué serviría en la práctica?

Aquí conviene ser realistas. Estos sistemas no van a sustituir embalses, redes de tuberías o desaladoras, pero podrían ayudar cuando todo eso no llega o falla, por ejemplo, en situaciones de emergencia, defensa, primeros auxilios o en edificios con suministro irregular.

El propio equipo pone un ejemplo muy sencillo que cualquiera puede entender: el coste del agua embotellada en zonas secas y poco pobladas o en lugares donde el suministro se interrumpe. En ese contexto, un generador que pueda producir agua bajo distintas condiciones atmosféricas empieza a tener sentido, aunque no sea “barato” en términos absolutos.

Y hay un detalle que conecta con la huella climática. En teoría, si estas máquinas se vuelven más eficientes en aire seco, también podrían reducir parte del transporte de agua a zonas aisladas, que suele ser caro y poco sostenible. No es un detalle menor.

Lo que aún falta antes de verlo en el mercado

El proyecto todavía no está en fase de despliegue masivo. En la propia SINTEF explican que el trabajo comenzó como un proyecto de un año financiado internamente, y ahora buscan financiación para construir un prototipo que permita optimizar y medir la capacidad en condiciones reales.

También están centrados en abaratar el coste, con una meta concreta de reducir precios en torno a un 25% y escalar la producción del material de gramos a kilogramos. Ahí es donde muchas tecnologías se atascan: fabricar mucho sin perder calidad y sin disparar el precio.

El interés, eso sí, ya existe. SINTEF señala que han recibido atención de varias empresas emergentes y patrocinadores, y no es casualidad: el mercado de estos generadores se estima en unos 2.500 millones de dólares y podría superar los 4.000 millones en 2030.

FUENTE

Constanza Sanchez

Por Constanza Sanchez

Soy periodista especializada en comunicación digital y producción de contenidos multimedia. Combino redacción, análisis de audiencias y SEO para crear historias claras y relevantes. Me enfoco en formatos innovadores, narrativas visuales y en desarrollar contenidos que conecten con comunidades diversas en entornos informativos dinámicos.

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