
VALLADOLID, 13 Abr. (EUROPA PRESS) – «Nos quitábamos de comer por pagar el recibo de los muertos, que era sagrado, y resulta que nos han engañado», es el lamento de un afectado por el caso ataúdes durante una nueva jornada del juicio que se lleva a cabo en la Audiencia de Valladolid.
Desde hace días, el proceso se centra en los testimonios de los muchos perjudicados por la supuesta actividad delictiva del grupo funerario El Salvador, que se desarrolló entre 1995 y 2015. Esta actividad consistía en la reutilización de ataúdes y ornamentos florales para varios sepelios. En la sesión de este lunes, destacaron los testimonios de Marina D.G., viuda de Federico, quien falleció el 16 de octubre de 2012. Ella recuerda que su funeral dejó como recuerdo unas «flores marchitas, como sacadas de una papelera», y un ataúd que «parecía de cartón» y que no pudieron elegir.
Marina relató que el ataúd de su pareja desapareció justo antes de finalizar la ceremonia en las instalaciones del grupo funerario. «Allí estábamos todos como bobos mirando al cura y antes de acabar la misa, la caja ya había desaparecido», reprochó la afectada, quien también expresó su pesar por el supuesto cambiazo de ataúdes que conoció a través de los medios de comunicación.
«INCREÍBILIDAD» DEL PADRE DE UNA NIÑA DE 8 AÑOS
José Luis P.S. también compartió su dolor en sala, manifestando su «incredulidad» ante la supuesta manipulación del cadáver de su hija Sara, que falleció a los 8 años. Recordó que El Salvador les proporcionó la única caja blanca disponible en ese momento y que, durante el velatorio, se sintieron «muy arropados» por su familia, que había decorado el lugar con flores y peluches.
José Luis indicó que, años más tarde, él y su familia se enteraron de la trama a través de los medios de comunicación. Al principio, mostró «incredulidad» ante la posibilidad de que una empresa pudiera actuar de esa manera, pero luego se sintió «enfadado y lleno de rabia». Es un sentimiento difícil de entender.
Un denominador común en las declaraciones de otros afectados, como Margarita E.S., Fernando N., Nuria S.A. y María Aurora E.F., es la incertidumbre sobre si las cenizas que recibieron tras la cremación son realmente de sus seres queridos. Margarita, por ejemplo, mencionó las «prisillas» que la empresa les impuso y la notable falta de coronas y flores que esperaban en el funeral de su padre, un abogado conocido y miembro de la Cofradía del Santo Entierro.
Margarita también expresó su «asco, ansiedad y angustia» por el trato que recibió su padre y confesó que lo que más la atormenta es dudar de si las cenizas en el panteón familiar son realmente de él: «No sabemos si lo que se nos entregó era mi padre», concluyó.
El hijo de Alicia, Fernando N., quien falleció el 19 de abril de 2014, también expresó sus dudas y señaló que, durante la instrucción del procedimiento, solicitó la posibilidad de verificar si tenía las cenizas de su madre, mientras que María Aurora E.F. describió su temor a que la caja de su padre no era la que habían contratado.
«NO PUDE DESPEDIRME DE ELLA»
Nuria S.A., incapaz de controlar el llanto durante gran parte de su declaración, expresó su dolor por no haber podido dar un último adiós a su madre en agosto de 2014, ya que al llegar al funeral se encontró con dos ataúdes.
Pidió a los empleados que abrieran la caja para despedirse, pero sin éxito. «Me dijeron que no podían abrirla. Insistí, pero no me hicieron caso. Al final, les pedí que por lo menos me dijeran cuál de las dos cajas era la de mi madre para poder tocarla y despedirme así de ella», denunció Nuria, quien no está segura de que la caja que le señalaron realmente contuviera el cuerpo de su madre.
Los momentos que vivió fueron difíciles, coincidiendo con el diagnóstico de cáncer que tuvo que enfrentar. «Me lo han quitado todo, ni siquiera voy ya al cementerio», relató Nuria.
Para Victoriano M.G, quien se dirigió al grupo Funerario El Salvador tras la muerte de su madre el 8 de marzo de 2002, lo ocurrido representa «la humillación más grande que puede sufrir un ser humano». Por su parte, Bárbara C.P, afectada por la muerte de sus abuelas, expresó que tras enterarse del escándalo por la prensa, se sintió «impresionada, como si fuera un poco de película».
José Ramón C.R. también compartió su testimonio sobre su padre, José Ángel, fallecido en noviembre de 2009. Al ver las fotos proporcionadas por la policía, descubrió que su progenitor ni siquiera aparecía en la caja que habían contratado.
Por último, Francisco Javier P.U se unió a los testimonios de descontento, lamentando haber confiado sus últimos momentos a El Salvador para despedir a su padre, fallecido el 22 de agosto de 2012. Añadió que, además del ultraje al cuerpo de su progenitor, tuvimos que enfrentar años difíciles: primero con un tumor cerebral, luego con otro en el recto y finalmente con una hemorragia cerebral. «Cuando pasas por todo esto, lo que deseas es que al menos llegue el momento de que descanse en paz, y después te enteras de que no ha sido así. Por ello, lo que sientes es rabia, se te remueve todo por dentro», concluyó Francisco Javier.

