
Cádiz, 12 feb. (EUROPA PRESS) – Los vecinos de Grazalema, un pequeño pueblo de la sierra de Cádiz, vieron su tranquilidad truncada el pasado miércoles 4 de febrero, cuando cayeron sobre ellos casi 600 litros de precipitaciones en 24 horas. Esta acumulación de agua inundó sus calles, convirtiéndolas en ríos, y también sus casas, donde el agua salía de enchufes, suelos y paredes.
Como resultado, al día siguiente, más de 1.600 personas fueron desalojadas y trasladadas al pabellón El Fuerte en Ronda (Málaga), donde actualmente ocupan su tiempo entre la solidaridad de anónimos, juegos, charlas, incertidumbre por el regreso y paciencia para afrontar la situación. Algunos de ellos se alojan con familiares y amigos de otros pueblos como Zahara de la Sierra, El Gastor, Algodonales, El Bosque o Prado del Rey.
Aunque Grazalema es uno de los municipios más lluviosos de España, pocos esperaban lo que sucedió hace una semana. Los vecinos llevan ya siete días fuera de sus casas, convirtiendo el pabellón rondeño en un punto de encuentro y centro de día para compartir emociones, incluyendo llantos y alegrías, como la reciente celebración del cumpleaños de Pepe Ramírez, un vecino de 94 años, quien festejó su día lejos de su hogar, pero rodeado del cariño de muchos.
En estas difíciles circunstancias, destaca el trabajo de Cruz Roja en Málaga y de los muchos voluntarios que cada día asisten a los vecinos desalojados de Grazalema y de otros puntos de la serranía de Ronda, como Benaoján. El pabellón municipal, que actúa como centro de recepción, se preparó con «600 camas», según explicó Paco Márquez, responsable del dispositivo de Cruz Roja en el pabellón. Márquez también valoró «la rápida actuación» del ayuntamiento de Ronda, que permitió que los desalojados que no encontraron espacio con amigos y familiares se distribuyeran en hoteles y casas de la localidad malagueña.
A pesar de lo que están viviendo estas personas, el espacio ha sido reconvertido en un «punto de encuentro» que, como relata Márquez, «cada día es una fiesta». Los más pequeños, que se han quedado temporalmente sin clases, son entretenidos con actividades lúdicas. Magos, malabaristas y obras de teatro hacen que olviden, aunque temporalmente, la situación difícil que atraviesan. Sin embargo, algunos de ellos preguntan a sus padres cuándo podrán volver a casa, mientras que otros lo ven como «unas vacaciones».
En el día a día, Paco Márquez ha mencionado que se sirven desayunos, comidas y cenas a todos los desplazados, y entre las horas de comida, el lugar se convierte en un espacio para compartir la carga de haber abandonado el hogar y estar al tanto de las posibles novedades sobre la situación.
“Sé que es duro, pero hay que tener paciencia. Debemos dejar que trabajen las instituciones, los servicios públicos y los técnicos, y pronto llegarán buenas noticias que podamos contar como una anécdota más de nuestras vidas”, manifestó Márquez.
Esta semana, se han gestionado entradas controladas al municipio, coordinadas con la Guardia Civil de Cádiz. Este cuerpo ha acompañado a los vecinos que pudieron volver a recoger enseres de primera necesidad.
Aún así, una de las principales incertidumbres que enfrentan los grazalemeños es cuándo podrán volver a su pueblo, después de tener que dejarlo todo ante el riesgo de derrumbes y deslizamientos de tierra, debido a la acumulación de agua en el terreno, que ya no podía absorber más y estaba colapsado.
Al respecto, casi nadie tiene una respuesta certera. De hecho, el alcalde de Grazalema, Carlos Javier García, transmitió un mensaje a sus vecinos, asegurando que el regreso debe hacerse «con las máximas garantías». Trabajan desde todas las administraciones, aunque se prevé que «quedan todavía algunos días», dado que la semana continuarán las lluvias sobre el pueblo.
“En nuestro pueblo, los técnicos realizan un trabajo permanente para hacer un análisis lo más exhaustivo posible, de modo que volver a Grazalema sea seguro”, indicó el alcalde, que afirmó que sus vecinos son “conscientes” de que, si abandonaron el pueblo por seguridad, deben volver con el mayor número de garantías posibles.
De anécdota a desalojo
El jueves 5 de febrero quedará marcado en la historia del municipio como el día en que la lluvia, que hasta entonces era considerada una anécdota digna de aparecer en los noticieros como el pequeño municipio encantador de la Sierra de Cádiz donde llueve mucho, puso en jaque toda una rutina de vida.
Las calles se convirtieron en torrentes de agua, muros, enchufes y juntas de paredes expulsaron agua, y el mirador del pueblo se transformó en una cascada. Los crujidos del interior de la tierra creados por la inestabilidad del terreno provocaron la orden de desalojo del municipio.
Unos 1.600 vecinos, coordinados por la UME, Protección Civil, Policía Local y Guardia Civil, fueron evacuados casi sin pertenencias, en búsqueda de un lugar seguro. Al mismo tiempo, y mientras la noticia era casi retransmitida en directo, los pueblos vecinos, a pesar de los destrozos y las complicaciones de conexión y calles por los efectos del temporal, manifestaron su solidaridad para acoger a quienes debían abandonar su rutina diaria sin saber por cuánto tiempo.
El municipio de Ronda, con la mejor conexión por carretera y casi la única a Grazalema, habilitó su pabellón como lugar de recepción. Camas, mesas, sillas y víveres estaban disponibles para quienes llegaban con la preocupación de lo que dejaban atrás, mirando a través del cristal de un autobús que también se empapaba con las gotas de lluvia que se sumaban a la incertidumbre de los desalojados. A partir de ahí, se organizó la distribución sobre dónde y cómo alojarse, y el tiempo de permanencia se iría viendo con el paso de los días.
La solidaridad llegó desbordada desde toda la provincia de Cádiz y también de Málaga. Las personas dependientes fueron atendidas, y los residentes de mayores reubicados, pero aún falta atender a los más pequeños en algo básico para su día a día: el colegio. Ante la imposibilidad de fijar una fecha de regreso, a medida que estudian cómo se comporta la orografía del municipio una vez que cesen las lluvias, la Junta de Andalucía busca soluciones para que los jóvenes de Grazalema no pierdan el ritmo del segundo trimestre que apenas había comenzado.
Frente a un alumnado «absolutamente disperso», como reconoció el consejero de Presidencia, Antonio Sanz, se considera que una opción viable es la actividad lectiva no presencial, es decir, telemática, que podría derivar a medio y largo plazo en la integración de ese alumnado en centros donde estén realojados.
Así, se cumple una semana sin clases, pero tal vez con una lección que estos niños jamás olvidarán, donde se entremezclan aspectos ge
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