Mié. May 6th, 2026

El regreso de este animal a Río de Janeiro es una gran noticia para la biodiversidad de la selva

El regreso de este animal a Río de Janeiro es una gran noticia para la biodiversidad de la selva

Reintroducción de Guacamayos en Río de Janeiro

En Río de Janeiro vuelve a suceder algo que parecía de otra época. Tres guacamayos azul y amarillo ya han sido liberados en el Parque Nacional de Tijuca, tras casi 200 años de ausencia local.

La imagen es impactante, pero el objetivo es mucho más que un símbolo. La reintroducción forma parte de un esfuerzo de “refaunación” que busca devolver al bosque animales clave para que el ecosistema funcione nuevamente, con seguimiento científico y la colaboración de la ciudadanía.

Dos siglos sin su vuelo en la ciudad

Un dato clave es el calendario. El ICMBio, el organismo federal que gestiona esta área protegida, recuerda que el último registro confirmado de guacamayos en el municipio de Río data de 1818, y su desaparición se debe principalmente a la caza y la pérdida de hábitat.

Hoy, Tijuca parece una selva «de siempre», pero su historia es más compleja. Parte de este bosque fue explotado en el siglo XIX para cultivos como el café y para producir carbón, y la recuperación del verde no trajo de vuelta automáticamente a todos sus animales.

Por eso, cuando se habla de recuperar biodiversidad, no basta con plantar árboles. Si un bosque pierde a quienes dispersan semillas o controlan ciertas plantas, se queda bonito en las fotos, pero funciona a medio gas. Y eso es evidente.

Cómo se entrena a un guacamayo para vivir libre

La reintroducción no se realiza de forma sencilla. En junio de 2025, llegaron cuatro ejemplares de guacamayo azul y amarillo (Ara ararauna) al Parque Nacional de Tijuca para pasar por un proceso de aclimatación y preparación antes de poder volar en libertad.

Durante meses, el equipo observó si volaban con soltura, si desarrollaban musculatura y si aprendían a reconocer los frutos del entorno, algo esencial para no depender de la mano humana. También se trabajó para evitar que asociaran a las personas con comida, un aspecto delicado en un parque con mucho tránsito.

La bióloga Lara Renzeti, quien coordina la reintroducción, lo resume así al hablar del reto urbano: «Las guacamayas son muy tolerantes a disturbios antrópicos, pero muy exigentes con la nidificación».

Tres ya vuelan y uno todavía espera

El 7 de enero, tres de estas aves (Fernanda, Fátima y Sueli) fueron liberadas tras aproximadamente siete meses de preparación. El propio ICMBio explica que una cuarta, bautizada como Selton, sigue esperando porque está en un ciclo de muda de plumas y existe el riesgo de que no pueda volar con seguridad hasta que lo complete.

Para controlar cómo se adaptan, las araras-canindé fueron equipadas con anillas, microchips y collares de identificación. La idea es conocer su movimiento, cómo usan el bosque y detectar problemas a tiempo, antes de que un error se convierta en una tragedia.

El proyecto no se queda con estos tres vuelos. La meta oficial es reintroducir 50 guacamayos a lo largo de cinco años, de forma gradual, para aumentar las posibilidades de reproducción y consolidar la población.

El papel ecológico que se había perdido

¿Por qué tanto esfuerzo por un ave tan llamativa? Porque su ausencia no es solo estética. El ICMBio subraya que, cuando desaparecen animales como los guacamayos, se interrumpen procesos ecológicos esenciales, entre ellos la dispersión de semillas de árboles grandes que sostienen la salud del bosque.

Hay un dato que ayuda a entenderlo sin tecnicismos. En la comunicación de enero se precisa que, según estudios citados por el organismo, casi el 90% de las especies de plantas de la Mata Atlántica dependen de animales para dispersar sus semillas, y que sin esta fauna, el bosque pierde capacidad de regenerarse incluso dentro de áreas protegidas.

En la práctica, un guacamayo puede transportar semillas a distancia y ayudar a «conectar» zonas del bosque que, sin estos movimientos, quedan aisladas. Es una forma silenciosa de restaurar el ecosistema desde adentro, semilla a semilla.

Un parque urbano con un reto extra

Tijuca no es una reserva remota. Es una selva en plena ciudad, con senderos, miradores y visitas constantes. El proyecto reconoce este contexto y, por eso, insiste en que las aves aprendan a mantener distancia de los humanos y a no buscar comida en manos ajenas.

El País recuerda que el parque es uno de los espacios naturales más concurridos del país, con millones de visitantes al año, muchos de ellos atraídos por el entorno del Cristo del Corcovado y por las rutas y cascadas de la zona. Con ese nivel de presencia humana, cualquier hábito mal aprendido puede convertirse en un riesgo.

Aquí es donde entra una herramienta interesante. El ICMBio plantea la «ciencia ciudadana» como aliada para el seguimiento, con avisos y fotos de avistamientos enviados por la población. Se menciona incluso el uso de aplicaciones gratuitas como SISS-Geo, desarrollada por Fiocruz, para registrar fauna incluso sin cobertura en el momento.

Lo que puede hacer la gente sin estropear el plan

Si vives en Río o visitas Tijuca, la regla de oro es sencilla: no alimentar a los guacamayos y no intentar acercarse para una foto «perfecta», porque eso refuerza lo que el equipo intenta evitar.

Lo útil es lo contrario. Observar a distancia, respetar el recorrido del ave y, si se detecta algo extraño (un animal desorientado, herido o excesivamente confiado), avisar a los canales del proyecto o registrar el avistamiento en las herramientas de seguimiento que recomiendan los responsables.

Lo que viene ahora

Este tipo de reintroducciones suelen medirse en años, no en semanas. El plan oficial habla de una ampliación gradual, con nuevas aves en los próximos años, hasta alcanzar el objetivo de 50 individuos en cinco años.

Además, no es el primer paso de Tijuca en este camino. El ICMBio explica que el programa Refauna, iniciado en 2010, ya ha reintroducido allí especies como la cutia-vermelha, el jabuti-tinga y el bugio-ruivo, y también ha trabajado con la anta en la Reserva Ecológica de Guapiaçu.

En el fondo, el mensaje es sencillo: un bosque no solo necesita árboles, también necesita vida que los mueva, los alimente y los conecte.

La nota oficial del ICMBio sobre el regreso de las araras-canindé al Parque Nacional de Tijuca se ha publicado en gov.br.

FUENTE

Constanza Sanchez

Por Constanza Sanchez

Soy periodista especializada en comunicación digital y producción de contenidos multimedia. Combino redacción, análisis de audiencias y SEO para crear historias claras y relevantes. Me enfoco en formatos innovadores, narrativas visuales y en desarrollar contenidos que conecten con comunidades diversas en entornos informativos dinámicos.

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