Mié. May 6th, 2026

Alimentos recomendados y a evitar en la dieta MIND para mejorar la memoria y decisiones

Dieta MIND: Cómo Proteger tu Cerebro a Través de la Alimentación

MADRID, 18 Mar. (EUROPA PRESS) – La dieta MIND está ganando terreno entre los neurólogos y cardiólogos como una forma sencilla de proteger el cerebro a medida que cumplimos años. Inspirada en la dieta mediterránea, pero adaptada para el sistema nervioso, esta alimentación promueve la reducción del consumo de dulces, comida rápida frita, carne roja y ciertos ultraprocesados, los cuales se han relacionado con mayor atrofia cerebral y peor salud vascular.

Verduras, Bayas y Aceite de Oliva: los Aliados de un Cerebro que Envejece

Una investigación de la Escuela de Salud Pública TH Chan de Harvard (Estados Unidos), publicada en la revista ‘Journal of Neurology Neurosurgery & Psychiatry’, revela que la combinación de la dieta mediterránea y la dieta MIND podría ralentizar los cambios estructurales relacionados con el envejecimiento cerebral. Esta dieta se asocia con una menor pérdida de tejido a lo largo del tiempo, especialmente de materia gris, que es el centro de procesamiento de información del cerebro, esencial para la memoria, aprendizaje y toma de decisiones. También se relaciona con una menor dilatación ventricular, lo que refleja la atrofia cerebral, en la que la pérdida de tejido se acompaña del agrandamiento de los espacios llenos de líquido cefalorraquídeo.

La dieta MIND se ha relacionado previamente con una mejor salud cognitiva. Se recomienda un consumo regular de grupos específicos de alimentos, tales como:

  • Verduras de hoja verde;
  • Otras verduras;
  • Bayas;
  • Frutos secos;
  • Cereales integrales;
  • Pescado;
  • Legumbres;
  • Aceite de oliva;
  • Aves de corral.

Además, se sugiere un consumo moderado de vino y limitaciones en la ingesta de mantequilla/margarina, queso, carne roja, pasteles/dulces y comida rápida frita.

No obstante, los investigadores señalan que aún no está del todo claro qué efecto puede tener la dieta MIND sobre los cambios estructurales del cerebro relacionados con la edad y que están asociados con enfermedades neurodegenerativas como Alzheimer y Parkinson.

Menos Pérdida de Materia Gris y Menos Atrofia

Para profundizar en su investigación, los científicos estudiaron a 1.647 adultos de mediana edad y mayores (con una edad promedio de 60 años al inicio del estudio) de la cohorte de descendientes del Estudio del Corazón de Framingham (FOS). Los participantes se sometieron a revisiones médicas periódicas cada 4 a 8 años, con evaluaciones de resonancia magnética cerebral cada 2 a 6 años desde 1999.

Estos participantes también completaron al menos un cuestionario de frecuencia de consumo de alimentos (FFQ) en sus revisiones médicas entre 1991-1995, 1995-1998 y/o 1998-2001, para evaluar su ingesta dietética. Además, se sometieron a al menos dos resonancias magnéticas cerebrales entre 1999 y 2019, sin evidencia de accidente cerebrovascular o demencia durante la primera resonancia magnética.

La puntuación media obtenida en la dieta MIND fue ligeramente inferior a 7 sobre un máximo de 15, donde 15 representa el nivel más alto de adherencia. Aquellos en el tercio superior de adherencia eran más propensos a ser mujeres y a contar con estudios universitarios, y tenían menos probabilidades de ser fumadores o padecer de obesidad. También, un menor número de ellos presentaba problemas de salud que podrían afectar la salud cerebral, como diabetes tipo 2, hipertensión arterial y enfermedades cardiovasculares.

Durante un periodo de seguimiento promedio de 12 años, las resonancias magnéticas de todos los participantes mostraron reducciones en el volumen total del cerebro, la materia gris, la materia blanca y el hipocampo, junto con un aumento del líquido cefalorraquídeo, los volúmenes ventriculares e hiperintensidades en la materia blanca (puntos brillantes que indican daño tisular).

Sin embargo, las puntuaciones más altas en la escala MIND se asociaron con una menor disminución de la materia gris. Cada aumento de 3 puntos en la puntuación se vinculó con una pérdida más lenta (0,279 cm³/año), lo que representa un 20% menos de deterioro relacionado con la edad y un retraso de 2,5 años en el envejecimiento cerebral. De forma similar, cada incremento de 3 puntos en la puntuación de la dieta MIND se asoció con una expansión más lenta del volumen ventricular total de -0,071 cm³/año, equivalente a un 8% menos de pérdida de tejido y un año de retraso en el envejecimiento cerebral.

Los principales factores dietéticos que contribuyeron a las asociaciones beneficiosas observadas incluyeron las bayas, que se asociaron con aumentos más lentos en los volúmenes ventriculares, y las aves de corral, que también se relacionaron con una disminución más lenta de la materia gris. Por otro lado, un mayor consumo de dulces se vinculó con una expansión ventricular más rápida y atrofia del hipocampo, mientras que los alimentos fritos de comida rápida también mostraron una mayor disminución del volumen del hipocampo.

Los investigadores sugieren que «las fuentes de proteínas, como las aves de corral, pueden ayudar a reducir el estrés oxidativo y mitigar el daño neuronal». Por el contrario, los alimentos fritos y la comida rápida, a menudo ricos en grasas poco saludables, grasas trans y productos finales de glicacción avanzada, pueden contribuir a la inflamación y al daño vascular.

Contrario a lo esperado, una mayor ingesta de cereales integrales se asoció con cambios estructurales desfavorables, incluyendo una disminución más rápida de la materia gris y del volumen del hipocampo, así como una expansión ventricular más rápida. En contraste, una mayor ingesta de queso se relacionó con reducciones más lentas de la materia gris, menor agrandamiento ventricular y menos puntos brillantes.

Las asociaciones halladas fueron consistentes en una variedad de análisis posteriores, siendo más pronunciadas en los participantes de mayor edad, sugiriendo que la dieta MIND puede ser más beneficiosa para aquellos con mayor riesgo de envejecimiento cerebral acelerado o que presentan una mayor variación en la tasa de atrofia cerebral, según los investigadores. Además, se observaron asociaciones más fuertes en quienes eran más activos físicamente y no tenían sobrepeso ni obesidad, lo que sugiere que una combinación de estrategias de estilo de vida podría ayudar a reducir el riesgo de enfermedades neurodegenerativas.

Cómo Retrasar los Efectos de la Edad en tu Cerebro con lo que Comes

Este estudio es observacional y, por lo tanto, no se pueden extraer conclusiones definitivas sobre la causa y efecto. Los investigadores reconocen que los cuestionarios de frecuencia de consumo de alimentos son susceptibles a sesgos de memoria. Además, no pudieron descartar un deterioro cognitivo leve en el momento de la primera resonancia magnética, cambios en los hábitos alimentarios a lo largo del tiempo, ni factores de riesgo genéticos.

Dado que los participantes eran predominantemente de origen blanco, los hallazgos podrían no ser aplicables a otras etnias. Sin embargo, los investigadores concluyen que «estos hallazgos refuerzan el potencial de la dieta MIND como un patrón alimentario saludable para el cerebro y respaldan su papel en las estrategias destinadas a ralentizar la neurodegeneración en las poblaciones que envejecen».

FUENTE

Constanza Sanchez

Por Constanza Sanchez

Soy periodista especializada en comunicación digital y producción de contenidos multimedia. Combino redacción, análisis de audiencias y SEO para crear historias claras y relevantes. Me enfoco en formatos innovadores, narrativas visuales y en desarrollar contenidos que conecten con comunidades diversas en entornos informativos dinámicos.

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