Vie. May 8th, 2026

Biólogos destacan el papel crucial de las tortugas marinas en el control del alga invasora en

Biólogos destacan el papel crucial de las tortugas marinas en el control del alga invasora en

Las Tortugas Marinas y el Alga Invasora en Hawái

En el noroeste de Hawái, en un rincón del Pacífico tan aislado que cuesta imaginarlo en un mapa, se está extendiendo una alfombra de alga roja sobre el coral. De repente, aparece un aliado inesperado: las tortugas marinas verdes hawaianas (honu).

Un estudio publicado en la revista científica Coral Reefs ha documentado por primera vez a estas tortugas alimentándose de forma activa de Chondria tumulosa, una macroalga invasora que amenaza el equilibrio de los arrecifes. La conclusión principal resulta alentadora y preocupante al mismo tiempo, puesto que el «pastoreo» podría reducir la biomasa de esta alga, pero también plantea una pregunta incómoda: si las tortugas se mueven entre atolones, ¿podrían ayudar involuntariamente a dispersar fragmentos del alga?

Un alga que ahoga el coral

Chondria tumulosa fue detectada por primera vez en 2016 en Manawai (Pearl y Hermes), dentro del Monumento Marino Nacional Papahānaumokuākea. Los científicos aún no tienen claro si llegó desde otra región o si era una especie local que pasó desapercibida hasta «desbocarse»; por eso en la literatura se describe como «criptogénica» (de origen incierto).

La escena que describen los investigadores ilustra el problema sin tecnicismos. En una inmersión de 2019, buzos de NOAA esperaban ver corales de colores vivos y peces herbívoros típicos del arrecife, pero se encontraron con grandes mantos de alga roja cubriendo el fondo. Debajo, el coral había quedado reducido a esqueletos.

Los números confirman que no se trata de un brote pequeño. La Universidad de Hawái señala que el alga se ha expandido a más de 101 kilómetros cuadrados de hábitat arrecifal y forma mantos densos de más de seis centímetros de grosor, capaces de sofocar corales vivos y desplazar especies nativas. Otro trabajo en PeerJ describe un aumento de 115 veces en la superficie observada por satélite entre 2015 y 2021 en Manawai.

Las honu entran en escena

El nuevo estudio se apoya en dos pruebas sencillas pero significativas. Por un lado, grabaciones submarinas con una cámara fija (tipo GoPro) desplegada en Kuaihelani (Midway) durante junio y julio de 2025, y por otro, la necropsia de una hembra adulta encontrada muerta en la zona.

Las imágenes muestran a tres tortugas verdes mordiendo los mantos de Chondria tumulosa durante aproximadamente 50 minutos. En un momento particularmente notable, una hembra mordió hasta 18 veces en 95 segundos, creando «claros» de entre cinco y 15 centímetros, significativamente más grandes que los que suelen dejar los peces o erizos en la misma zona.

La necropsia cerró el círculo. Los autores identificaron fragmentos del alga en el esófago, el buche y las heces de la tortuga, y estimaron que, en el material vegetal recién consumido, Chondria tumulosa representaba aproximadamente un 25%. En otras palabras, no estaba «probando» el alga, la estaba consumiendo de verdad.

Control natural con letra pequeña

Que un herbívoro nativo consuma una especie problemática puede ser una buena noticia para el arrecife. En el propio resumen del artículo, los investigadores destacan que el video demuestra el potencial de la tortuga verde para eliminar una cantidad significativa de biomasa, lo cual es valioso cuando el alga cubre el sustrato como una moqueta.

Sin embargo, este control natural tiene sus complicaciones. Tammy Summers, bióloga del U.S. Fish and Wildlife Service y coautora del trabajo, lo resume con un matiz clave: «Es alentador porque señala a la tortuga verde como un megaherbívoro nativo con el potencial de suprimir la biomasa de C. tumulosa, pero también plantea interrogantes sobre si los fragmentos que excretan durante sus migraciones podrían acelerar la propagación del alga».

El riesgo no es infundado. NOAA ya había advertido que esta alga se rompe con facilidad en fragmentos y que su forma favorece el movimiento y la colonización de nuevas zonas, incluso adhiriéndose a equipos si no se desinfectan adecuadamente. Por ello, recomiendan prácticas como remojar materiales en una solución de lejía al 6% para evitar transportar restos.

Rutas de tortugas

Aquí entra un detalle a menudo pasado por alto cuando solo se observa el video. Los investigadores recuerdan que cerca del 96% de la nidificación de la tortuga verde hawaiana ocurre en Lalo (French Frigate Shoals), y luego los animales se dispersan hacia diferentes áreas de alimentación por el archipiélago.

En la práctica, esto significa un constante movimiento entre atolones y zonas de forrajeo. Si los fragmentos de Chondria tumulosa sobreviven al tránsito digestivo y logran salir viables, la tortuga podría convertirse involuntariamente en un «transporte» biológico de un punto a otro. El artículo plantea esta posibilidad como un efecto negativo potencial que requiere más investigación.

La profesora Celia Smith (Universidad de Hawái en Mānoa) enmarca esto como un asunto de gestión real, no solo de ecología: «Nuestro esfuerzo conjunto con múltiples socios para evitar que esta alga se asiente en las principales islas hawaianas debe incluir un plan para aumentar el número de tortugas marinas verdes autóctonas, así como intensificar los esfuerzos para identificar todas las rutas que podrían permitir que Chondria se propague hasta Oʻahu», señaló.

ADN ambiental como alarma

Cuando se trata de invasiones biológicas, la detección temprana suele ser la clave. Por ello, los autores sugieren fortalecer el monitoreo en Lalo con técnicas de ADN ambiental (eDNA), que permiten rastrear la presencia de una especie a partir de pequeñas «huellas» genéticas que quedan en el agua.

Este enfoque no reemplaza las inmersiones ni los mapas, pero puede servir como una alarma temprana en lugares remotos. Es como saber que hay humo antes de ver el fuego. Y en arrecifes frágiles, cada semana cuenta.

Además, el eDNA se ajusta a otra realidad del monumento: su tamaño y aislamiento lo convierte en un sitio difícil de vigilar «a ojo» todo el tiempo. Por eso, combinar herramientas (video, necropsias, satélites y muestreos de agua) puede ser la forma más realista de seguir la pista al alga antes de que dé el salto.

Lo que está en juego

Papahānaumokuākea no es un arrecife cualquiera. Es una de las mayores áreas marinas protegidas del planeta y está reconocida como sitio de Patrimonio Mundial, con arrecifes, lagunas y atolones que funcionan como refugio para muchas especies.

La lectura práctica es doble. Por un lado, las honu podrían convertirse en una pieza útil dentro de un control biológico natural, especialmente si su presencia ayuda a romper mantos densos y a abrir espacio para que el coral y las algas nativas respiren. No es cosa menor.

Por otro lado, el mismo movimiento que hace a las tortugas esenciales para el ecosistema exige intensificar la vigilancia y bioseguridad, dado que el enemigo se propaga a base de fragmentos. En definitiva, la solución no será única, sino una combinación de monitoreo, prevención y gestión adaptativa. Y eso es algo que no se debe pasar por alto.

El estudio ha sido publicado en Coral Reefs.

FUENTE

Constanza Sanchez

Por Constanza Sanchez

Soy periodista especializada en comunicación digital y producción de contenidos multimedia. Combino redacción, análisis de audiencias y SEO para crear historias claras y relevantes. Me enfoco en formatos innovadores, narrativas visuales y en desarrollar contenidos que conecten con comunidades diversas en entornos informativos dinámicos.

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