Las fresas saben a primavera y son de las frutas más delicadas. Su piel fina y rugosa hace que la suciedad y parte de los residuos de tratamientos agrícolas se adhieran con facilidad. Por eso, el típico «aclarado rápido» bajo el grifo suele resultar insuficiente. La opción más equilibrada en casa es un remojo corto con agua y bicarbonato, seguido de un enjuague final y un secado cuidadoso antes de guardarlas o comerlas.
Por qué una fresa no se lava como una manzana
La fresa no tiene una piel gruesa que actúe como barrera, ni una cáscara que puedas retirar fácilmente. Además, su superficie con semillas atrapa restos con facilidad, y si la manipulas con fuerza, se ablanda en cuestión de segundos. Por lo tanto, conviene limpiarla con cariño y con un método que ayude a «despegar» lo que está en la superficie, sin dejarla empapada. Y eso se nota.
Lo que el agua del grifo sí hace y lo que no
Lavar con agua fría es un primer paso y puede reducir parte de los residuos. El Centre for Science and Environment (CSE) estima que el lavado con agua fría puede retirar «alrededor del 75% al 80%» en algunos alimentos, sobre todo si se repite el lavado. Sin embargo, no siempre se comporta igual. En un estudio publicado en Foods (2023) que evaluó cuatro insecticidas en fresas, el lavado solo con agua del grifo logró una reducción del 20% al 25% para varios compuestos, lo que indica que la eficacia depende del pesticida y de cómo se haya fijado a la fruta.
El método del bicarbonato paso a paso
El bicarbonato funciona por un motivo sencillo. Al disolverse, deja el agua ligeramente alcalina, lo que puede ayudar a neutralizar ciertos restos y desprender parte de lo que queda en la superficie. Un experto de la Universidad de Illinois lo resume así: «una solución de bicarbonato suele tener un pH de alrededor de 8 a 9».
En la práctica, lo más útil es hacerlo simple. Pon agua fría en un bol, añade una cucharadita rasa de bicarbonato por litro, introduce las fresas durante cinco a diez minutos y muévelas con suavidad un par de veces. Luego, enjuágalas bien bajo agua corriente y sécalas con papel de cocina o un paño limpio. La evidencia de laboratorio también apoya este enfoque, aunque no hay un porcentaje único que se aplique a todos los casos. Un estudio publicado en el Journal of Agricultural and Food Chemistry observó que una solución de bicarbonato (10 mg/mL) retiraba mejor ciertos pesticidas de la superficie que el agua del grifo. No obstante, en otro estudio que se publicará en Foods (2025), advierten que concentraciones altas pueden dañar la fresa, produciendo pérdida de color y ablandamiento al usar bicarbonato al 5%.
Vinagre, sal y mezclas virales
El vinagre y la sal también han sido objeto de estudio. En el trabajo de Foods (2023) con fresas, un remojo en vinagre al 3% y otro en sal al 3% lograron reducciones medias cercanas al 46% y 49% para varios insecticidas, superando al lavado solo con agua. Entonces, ¿por qué tanta gente prefiere el bicarbonato? Porque suele ser más neutro de sabor si se enjuaga bien. Es relevante mencionar que mezclar vinagre y bicarbonato no es recomendable, ya que se neutralizan entre sí.
Seguridad alimentaria sin obsesionarse
Existen dos ideas claves que no se deben perder de vista. La primera es que las autoridades no recomiendan lavar frutas y verduras con jabón o detergentes, ya que la superficie puede absorber restos y provocarte malestar. La FDA lo desaconseja y recuerda que lavar reduce bacterias, pero no las elimina por completo. La segunda idea es que, en España, la recomendación básica de la AESAN es clara: lavar bajo el grifo con la piel intacta y secar después. También aconsejan cortar partes dañadas y, si hay hongos, descartar la pieza entera, algo muy útil con fresas cuando una empieza a «contagiar» al resto.
Guardarlas sin que aparezca moho
Un error común es lavar las fresas y meterlas húmedas en la nevera. La FDA recuerda que las fresas son frutas perecederas y conviene mantenerlas en una nevera limpia y fría (4 °C o menos), siempre lo más secas posible. Al lavarlas, sécalas bien y retira el rabito justo antes de comer. Si compras fresas ya cortadas o envasadas como «listas para consumir», sigue las instrucciones del envase y evita que toquen tablas o cuchillos sucios.
Para ponerlo en contexto, en la UE los controles oficiales son rigurosos. En los programas nacionales, el 98% de las muestras fueron conformes con la legislación, y la EFSA concluye que el riesgo para la salud del consumidor es bajo en los alimentos analizados. Sin embargo, aplicar un buen lavado en casa es un gesto sencillo que suma a la seguridad alimentaria.
El estudio más reciente citado en este artículo ha sido publicado en Foods.

