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expertos alertan sobre la contaminación lumínica en océanos, afectando a especies marinas por el

expertos alertan sobre la contaminación lumínica en océanos, afectando a especies marinas por el

Impacto de la Iluminación Artificial en el Ártico

En invierno, en el círculo polar ártico, el sol puede pasar semanas sin asomarse por el horizonte. Aunque parezca una oscuridad total, bajo el agua la vida sigue funcionando con un reloj propio. ¿Puede una simple luz de cubierta cambiar lo que ocurre a 200 metros de profundidad? Según los científicos, sí, y más de lo que pensábamos.

Un estudio publicado en Communications Biology revela que la iluminación normal de un buque puede alterar el comportamiento de peces y zooplancton a profundidades de al menos 200 metros. Este hallazgo no solo plantea preguntas sobre el impacto ecológico, sino que también indica un detalle inquietante: muchas mediciones científicas y evaluaciones pesqueras se realizan desde barcos iluminados.

La oscuridad ártica no es silencio

La noche polar no es un «apagón biológico». Muchas especies continúan activas y ajustan sus rutinas a cambios de luz tan sutiles que el ojo humano no los percibe. En gran medida, se guían por variaciones de la iluminación solar y lunar, aun cuando el sol se mantenga bajo el horizonte.

Esto es relevante porque, si los animales pueden detectar señales tan sutiles, también pueden ser vulnerables a una luz artificial relativamente potente. Para un pez o un copépodo adaptados a la penumbra, un foco de cubierta puede ser comparable a encender un estadio en mitad de la madrugada. Y esto genera un impacto.

Lo que ocurre cuando un barco enciende las luces

El equipo de investigación analizó lo que sucedía durante la noche polar cuando el barco operaba con «luces encendidas» y cuando apagaba todas las fuentes de luz. Compararon ambos escenarios en enero de 2018 en el mar de Barents, y el artículo fue publicado el 5 de marzo de 2020.

El resultado central es sorprendente por su escala. La luz de trabajo provocó respuestas casi instantáneas en peces y macrozooplancton, señalándose hasta el fondo, a 200 metros, con una «huella» que podía extenderse más de 0,125 km² alrededor del buque. Además, los autores documentaron reacciones en menos de 5 segundos cuando las luces se encendían.

Finlo Cottier, coautor del estudio, explicó en una nota de su institución que «durante la noche polar, los organismos marinos responden incluso a la luz natural más tenue». Por ello, temían que introducir luz artificial «de un barco o incluso de una linterna frontal» impidiera observar lo que realmente sucede. «Apagar las luces nos dio una imagen mucho más clara del comportamiento natural», añadió el investigador.

Un problema que puede crecer con el deshielo

Esta presión no se presenta en un vacío. El ártico está perdiendo hielo marino, lo cual transforma la luz disponible en el océano. El mínimo de septiembre, un indicador clásico del final del verano, muestra una tendencia de descenso de aproximadamente el 12% por década entre 1979 y 2024, según el National Snow and Ice Data Center.

Asimismo, el IPCC reporta una disminución significativa en el grosor del hielo marino ártico, con una reducción del 66% entre 1958 y 1976 y de 2011 a 2018. Además, cuando el hielo es más joven y hay más superficie con charcos de deshielo, conduce a que se filtre mucha más luz en comparación con el hielo multianual.

A esto se añade una realidad tangible: con menos hielo, la navegación es más frecuente y más prolongada. En 2025, 1.812 buques únicos navegaron en el área del Código Polar (la zona definida por la OMI para operar en aguas polares), lo que representa un 40% más que en 2013, y la distancia total recorrida aumentó un 95% en ese lapso, según datos del Consejo Ártico.

De la conducta individual al efecto en cadena

La luz en el océano no se limita a servir como «visibilidad». Es una señal que determina cuándo subir o bajar en la columna de agua, cuándo alimentarse y cómo evitar a los depredadores. El estudio recuerda que, durante la noche polar, señales naturales como la luna, las estrellas o la aurora boreal pueden dirigir distribuciones y comportamientos, incluyendo las interacciones entre depredador y presa.

Si una iluminación artificial intensa enmascara estas señales, el patrón de interacción entre especies puede cambiar. Esto también puede distorsionar los datos; los autores advierten sobre sesgos en los muestreos biológicos y en los sondeos acústicos realizados desde barcos iluminados.

La advertencia no se limita a 2020. Otro trabajo posterior en Scientific Reports observó que los organismos pelágicos pueden evitar no solo la luz blanca o azul, sino también la luz roja, un detalle relevante porque muchas cámaras submarinas utilizan luz roja pensando que «molesta menos».

Medidas simples sin comprometer la seguridad

Nadie sugiere navegar a oscuras. En el mar, la iluminación tiene una función de seguridad evidente. Sin embargo, el debate ya no es «luz sí o no», sino «¿cuánta luz, dónde y durante cuánto tiempo?», especialmente en un entorno tan sensible a señales débiles.

Las guías sobre iluminación responsable suelen repetir ideas que son aplicables también en el entorno marino. Usar luz solo cuando es necesario, dirigirla al punto de trabajo, reducir intensidad y tiempo, y elegir tonos más cálidos cuando sea posible para minimizar el componente azul. Las revisiones científicas sobre la luz artificial nocturna en ecosistemas marinos también subrayan medidas como atenuar, programar encendidos parciales y ajustar el espectro.

Lo que falta por responder

La gran pregunta permanece abierta: ¿Este efecto puntual resulta en cambios duraderos si se repite noche tras noche y temporada tras temporada? El estudio muestra una respuesta inmediata y medible, pero los impactos a largo plazo en cadenas alimentarias y poblaciones requieren un seguimiento más exhaustivo.

Aun así, ya se puede extraer una conclusión práctica. A medida que el ártico pierde hielo y aumenta el tráfico marítimo, la contaminación lumínica deja de ser un problema «de ciudades» y se infiltra en uno de los últimos grandes paisajes de oscuridad del planeta. El reloj avanza, y la ciencia se esfuerza por leer la hora en medio de este nuevo brillo.

El estudio titulado «Artificial light during the polar night disrupts Arctic fish and zooplankton behaviour down to 200 m depth» ha sido publicado en Nature.

FUENTE

Constanza Sanchez

Por Constanza Sanchez

Soy periodista especializada en comunicación digital y producción de contenidos multimedia. Combino redacción, análisis de audiencias y SEO para crear historias claras y relevantes. Me enfoco en formatos innovadores, narrativas visuales y en desarrollar contenidos que conecten con comunidades diversas en entornos informativos dinámicos.

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