En abril de 2026, muchas personas están observando situaciones poco habituales en parques, patios y fachadas. Una «bola» de abejas se posa en una rama, en una barandilla o junto a una ventana y, de pronto, el vecindario se llena de incertidumbre. En Huesca, los bomberos municipales ya están reubicando varios enjambres tras recibir avisos de los ciudadanos.
¿Hay que preocuparse? En la mayoría de los casos, no, ya que no se trata de una plaga ni de un ataque, sino de un proceso natural conocido como enjambrazón, donde las colonias buscan un nuevo hogar. Este año, la meteorología está haciendo que lo notemos más intensamente.
Una colmena que se queda pequeña
La enjambrazón ocurre cuando una colmena sana crece tanto que se queda sin espacio. En plena primavera, con una abundancia de flores y la reina poniendo huevos a gran ritmo, la población se dispara. Una colmena puede albergar hasta unas 60.000 abejas, y cuando la presión interna sube, la naturaleza tiene su «plan B».
Este plan consiste en dividir la familia: la reina vieja sale con parte de las obreras, a veces hasta la mitad de la colonia, para fundar un nuevo hogar. Mientras tanto, en la colmena original se cría una nueva reina que tomará el relevo.
El enjambre que ves es una parada en el camino
Lo que impacta al observar un enjambre es su volumen. Un enjambre puede parecer una nube viva, lo que puede causar respeto, especialmente si aparece en una terraza, en un colegio o en un portal con mucho tránsito. Sin embargo, hay un detalle importante: esas abejas están de paso y suelen estar más concentradas en proteger a su reina que en defender un territorio.
En esa parada temporal, las exploradoras buscan un lugar definitivo. Puede ser una grieta en una pared, el interior de una chimenea, el cajón de una persiana o el tronco hueco de un árbol. El grupo suele permanecer uno o dos días quieto antes de trasladarse a su sitio final.
Por qué este año parece que hay más
La explicación no es misteriosa, es meteorológica. Tras meses de lluvias y una floración muy generosa, las colmenas llegan a la primavera especialmente fuertes. Más flores significan más néctar, más cría y, en consecuencia, más abejas, lo que empuja a un mayor número de enjambres a salir.
Además, la lluvia continua puede «mantener encerradas» a las abejas varios días en la colmena. Cuando por fin llega un día soleado y cálido, muchas colonias aprovechan la ocasión y los informes de avistamientos se concentran. La Agencia de Seguridad y Emergencias de Madrid 112 lo resume claramente: con inviernos suaves y primaveras lluviosas, las salidas se disparan.
En la Comunidad de Madrid, el propio 112 menciona un rango anual de entre 250 y 600 salidas por enjambres, muy condicionado por el clima. Un dato a tener en cuenta es que alrededor del 70% de estas actuaciones se concentran en mayo, conocido como el «mes de las flores». No se puede considerar una cifra menor.
Qué hacer si aparece uno cerca de tu casa
Lo primero es no convertir la curiosidad en un problema. Mantén la calma, aléjate sin movimientos bruscos y evita acercarte para hacer fotos a medio metro, por tentador que pueda parecer. Si las abejas no se sienten amenazadas, lo normal es que no piquen. Además, para ellas, una picadura generalmente significa su muerte.
Si el enjambre está en una fachada o cerca de ventanas, es aconsejable cerrarlas y mantener a niños y mascotas alejados. Si no estás seguro si se trata de abejas o avispas, aplica la misma regla de oro: mantén distancia y avisa, ya que manipular un nido puede incrementar el riesgo. La guía del 112 madrileño también insiste en no arrojar nada sobre el enjambre, y si está dentro de una habitación, se recomienda dejar la ventana abierta y cerrar las puertas interiores para aislar el espacio.
A partir de ahí, lo sensato es avisar al 112 si el enjambre está en una zona de paso o supone un riesgo. En Huesca, los bomberos recalcan lo mismo: ante cualquier avistamiento en una zona de riesgo, la llamada debe ser al 112, donde ellos evaluarán si es necesaria una intervención. Esta valoración es crucial, ya que no todos los casos requieren acción.
Reubicación y por qué no se deben matar
En España, las abejas melíferas no son «bichos cualquiera». Desde el punto de vista legal, se consideran ganado menor y están sujetas a normativas específicas, como el Real Decreto 209/2002 sobre la ordenación de explotaciones apícolas. Por eso, el objetivo habitual de los operativos es la reubicación, no su eliminación.
El procedimiento suele ser bastante artesanal, aunque muy protocolizado. Los equipos recogen el centro del enjambre, donde se encuentra la reina, y lo introducen en una caja para su traslado. Cuando la reina entra, el resto la sigue, y luego se coordina el traslado a un apiario con la ayuda de apicultores colaboradores, como ya se está haciendo en Huesca.
Este enfoque no es solo «por proteger a un insecto»; las abejas son una pieza clave en la polinización y, con ello, en la salud de los ecosistemas y la agricultura. Si las perdemos, perdemos mucho más que miel.
Lo que nos dice sobre naturaleza y comida
Es importante recordar esto con datos, no solo con nostalgia. La FAO señala que más del 75% de los cultivos alimentarios del mundo dependen de alguna forma de la polinización, y las abejas están entre los polinizadores más importantes. En la práctica, esto se traduce en frutas, hortalizas y frutos secos que llegan al mercado gracias a ese trabajo silencioso.
Por lo tanto, cuando en abril vemos enjambres en plena ciudad, también estamos siendo testigos de cómo la naturaleza se adapta a nuestros espacios. Nuestras casas, con huecos y cámaras de aire, pueden convertirse en sustitutos de oquedades naturales, algo que los servicios de emergencias explican con claridad. Compartimos territorio, aunque no siempre nos percatemos de ello.
El reto radica en convivir sin miedo y con sensatez. Si hay riesgo, se actúa y se reubica el enjambre; si no lo hay, se permite que sigan su camino. La guía oficial con recomendaciones sobre cómo actuar y por qué se protege a estos polinizadores se encuentra disponible en la Comunidad de Madrid.

