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Lo menos importante es el ataúd, lo preocupante es no saber si las cenizas son de tu padre

Declaraciones sobre el ‘Caso Ataúdes’

Una exrecepcionista de la funeraria confirma el 'cambiazo': 'Le llamaban reciclaje, tanto de ataúdes como flores'

AMP.- Una exrecepcionista de la funeraria confirma el ‘cambiazo’: «Le llamaban reciclaje, tanto de ataúdes como flores» – EUROPA PRESS

VALLADOLID 17 Mar. (EUROPA PRESS) – «Lo de menos es el féretro, lo grave es no saber si las cenizas son de tu padre», es la queja realizada este martes por Amadeo N, una de las personas perjudicadas que desde la semana pasada testifican en el juicio que se celebra hasta junio por el denominado ‘caso ataúdes’ en la Audiencia de Valladolid. En este juicio se juzga a la familia empresaria del grupo funerario El Salvador y parte de sus trabajadores por, supuestamente, haberse concertado para dar el cambiazo de cajas a los muertos en el momento de la incineración.

Al igual que en jornadas precedentes, reservadas a las declaraciones de los damnificados por esta supuesta trama, varios perjudicados han comparecido para relatar historias muy similares. Todos ellos comparten un denominador común: la «rabia» y «impotencia» que sintieron al enterarse por los medios de comunicación en enero de 2019, tras la desarticulación de la ‘Operación Ignis’, que sus familiares podrían haber sido víctimas de los hechos objeto de investigación en el presente proceso judicial.

En el caso de Amadeo N, quien perdió a su padre en 2001 y a su madre en 2002, relató que el velatorio se realizó en el antiguo tanatorio de El Salvador, en el Camino Viejo del Cementerio, y que la cremación tuvo lugar en el cementerio de Santovenia de Pisuerga. Aunque no presenció la cremación, restó importancia al hecho de que los acusados hubieran sustituido la caja de sus progenitores por una de menor calidad. «Lo de menos es el féretro, lo grave es no saber si las cenizas son de tu padre», denunció.

Por su parte, Fernando S.A, empresario inmobiliario y propietario de una administración de lotería en Valladolid, también se declaró víctima tras el fallecimiento de su padre, Fidel, el 8 de marzo de 2002. Acusó a la familia Morchón, con la que contrataron sus servicios, de haberles engañado y de jugar con sus sentimientos. «El comportamiento de esta gente ha sido carroñero, los muertos no se merecían esto», reprochó Fernando S.A.

Experiencia de un mestizo en duelo

Una experiencia similar fue expuesta por José Antonio F.L, quien perdió a su padre, Antonio, el 1 de enero de 2004. Fue llevado desde Villajoyosa (Benidorm) a Valladolid para recibir sepultura cristiana, también a través de los servicios de los encausados. El testigo se identificó como «mestizo», hijo de un payo y de una gitana, acentuando así el impacto que el comportamiento delictivo de los investigados ha tenido en su familia. «En la cultura gitana a los muertos se les adora, venera y respeta», destacó José Antonio, quien explicó que su madre, con más de 80 años, permanece ajena al proceso porque sus hijos prefirieron no causarle más sufrimiento.

José Antonio relató que, tras enterarse de los hechos por los medios de comunicación, su familia pudo «atando cabos de determinadas situaciones» que antes les parecieron «extrañas». Se refirió al doloroso momento en que su hermana llegó desde Tenerife justo cinco minutos antes de la cremación. A pesar de que ella y el declarante solicitaron que abrieran el ataúd para que la hija del fallecido pudiera verle por última vez, se encontraron con la negativa de los empleados, quienes les dijeron que la caja estaba herméticamente cerrada y era imposible abrirla. «No nos dejaron velar el cuerpo unos minutos en una sala antes de la incineración», lamentó el afectado.

Otro afectado, José María C, explicó que la última vez que vio el féretro con los restos mortales de su padre, fallecido el 31 de diciembre de 2002, fue cuando salió del tanatorio con destino al cementerio para su incineración. «Mi padre falleció tras cuatro años de agonía, ni fue agradable entonces ni tampoco cuando nos enteramos de que éramos parte perjudicada», recriminó.

A su testimonio se sumaron también Carlos A.P. e Inmaculada C.A, cuyos padres fallecieron el mismo día, el 3 de enero de 2003, así como Fermín Lucas F. y Rosa María S, quienes perdieron a sus progenitores el 7 de enero de 2004 y en 2009, respectivamente. Todos ellos relataron experiencias similares en el trasfondo de los despidos de sus seres queridos.

En el caso de Rosa María S, manifestó que al enterarse de los hechos por televisión «no daba crédito», y contactó con los investigadores para descubrir que su padre y una tía podrían figurar entre los afectados. «Me pregunté entonces, ¡pero a quién estamos velando!», enfatizó, señalando que «no es tanto que te den ahora dinero, sino que hayan jugado con los sentimientos de la gente». La afectada restó importancia a la posible indemnización que pudiera corresponderle y anunció que cualquier cantidad destinada para compensar el daño moral ido a parar a una hermana con síndrome de Down.

FUENTE

Constanza Sanchez

Por Constanza Sanchez

Soy periodista especializada en comunicación digital y producción de contenidos multimedia. Combino redacción, análisis de audiencias y SEO para crear historias claras y relevantes. Me enfoco en formatos innovadores, narrativas visuales y en desarrollar contenidos que conecten con comunidades diversas en entornos informativos dinámicos.

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