La Transición Ecológica ha indicado que la normativa europea que regula el inventario de instalaciones mineras en Galicia «no recoge otras obligaciones» para con él. Ecoloxistas en Acción advierte de que estas instalaciones contienen «muchos componentes contaminantes» y pueden derivar en filtraciones.
SANTIAGO DE COMPOSTELA, 15 de marzo (EUROPA PRESS) – Tres presas –estructuras dentro de balsas– y una escombrera de residuos mineros de Galicia están consideradas como «peligrosas» a nivel medioambiental por un inventario del Ministerio para la Transición Ecológica (Miteco), creado en 2012 y actualizado por última vez en 2022.
Entre estas instalaciones, dos (una escombrera y una presa) se encuentran en terrenos de la antigua explotación de Monte Neme, que ha sufrido dos derrumbes: uno en 2014 y otro en enero de este año. La lista se completa con una presa en Touro (A Coruña), una mina cerrada en los años ochenta y que Cobre San Rafael trabaja para reabrir, y otra en Rubiais, en Pedrafita do Cebreiro (Lugo).
El inventario, según el Boletín Oficial del Estado (BOE), determina aquellas instalaciones con «un impacto medioambiental negativo grave» o que pueden convertirse a medio o corto plazo en «una amenaza para la salud de las personas o para el medio ambiente». Además, todos los emplazamientos que recoge están abandonados.
Precisamente, muchos de estos han sido objeto de advertencias de entidades ecologistas, como Ecoloxistas en Acción, que alertan sobre su potencial contaminante y la posibilidad de «acumulación de líquido», que puede derivar en «una avalancha de agua» en caso de rotura.
El listado fue de obligada creación por una directiva europea de 2006, transpuesta por el Real Decreto de 2009, y se elaboró por primera vez en 2012, con actualizaciones posteriores. Fuentes del Ministerio consultadas precisan que la normativa comunitaria «no recoge otras obligaciones para con este inventario», como podrían ser garantizar su restauración o protocolizar las actuaciones frente a posibles desbordamientos por lluvias.
Para su elaboración, se basaron en datos de las autoridades mineras autonómicas y del Instituto Geológico y Minero de España (IGME), que en 1989 se encargó de realizar el Inventario Nacional de Balsas y Escombreras para el Gobierno. Este recoge la existencia de 26 presas y 16 balsas en Galicia, lo que hace un total de 42 y, entre ellas, 24 abandonadas.
Componentes «Contaminantes»
En este sentido, la Cámara Oficial Mineira de Galicia (COMG) defiende que desde 2009, la normativa de construcción, vigilancia y clausura de estas balsas «es muy restrictiva y está completamente avalada para evitar abandonos que puedan derivar en pasivos medioambientales para la sociedad».
Así, el órgano del sector industrial minero asegura que, si se llegaran a rehabilitar completamente e integrarse, «pueden ser pastos o montes que no se diferencian del entorno natural».
Sin embargo, el portavoz de Ecoloxistas en Acción, Cristóbal López, constata que «muchos» componentes, especialmente en minería metálica, «son contaminantes» y se acumulan «como en un castillo de playa». «Ahí hay filtraciones, como sucede en Touro y en San Finx», critica López.
El ecologista advierte que en Galicia, debido a su red de ríos y regatos, «la contaminación acaba distribuida por toda la zona hasta el mar». Esto ha sido un aspecto criticado en reiteradas ocasiones por la Plataforma Vecinal Mina Touro-O Pino Non, que en el pasado febrero cuestionó que el proyecto de restauración ejecutado era «poco ambicioso» y «no tiene por objetivo la mejora en la calidad de las aguas».
Desbordamientos por Lluvias
El desbordamiento de las balsas mineras es un escenario posible, especialmente en momentos de lluvias persistentes. En Galicia, ejemplos de ello son el incidente de San Finx en 1960 o el de Monte Neme este mismo año. Sobre este último caso, la conselleira de Economía e Industria, María Jesús Lorenzana, explicó que el derrumbe se produjo por la «acción combinada» del agua de lluvia acumulada durante un periodo prolongado en el fondo de tala del hueco minero y un episodio de «intensas precipitaciones».
«Por lo general, las balsas mineras antiguas no contienen agua libre, sino un lodo seco con mayor o menor humedad, que puede provocar que, como mucho, y en episodios de lluvias, se forme una suerte de laguna», sostiene el Miteco sobre las instalaciones de residuos mineros.
Para López, además del impacto ambiental, la «acumulación de líquido» es el otro principal riesgo que tienen las balsas, ya que puede derivar en «una avalancha de agua» si se produce una rotura, con consecuencias mortales, como ocurrió en Brumadinho (Brasil) en 2019. «Si esos residuos se soldificasen, se reduciría mucho el problema. Quedan ahí porque las empresas quiebran y se marchan», explica.
El ecologista dirige una de sus críticas hacia la legislación estatal, que permite situar este tipo de instalaciones «por encima de las casas». En el proyecto de reapertura de la mina de Touro, por ejemplo, la balsa «está a 400 metros de una serie de viviendas».
La COMG aclara que, para evaluar el posible riesgo de desbordamiento, se analizan variables como la capacidad disponible, los aportes de escorrentía, el estado del drenaje, el mantenimiento y la previsión meteorológica, entre otros. Además, inciden en que las instalaciones con mayor potencial de afección «suelen estar sujetas a requisitos reforzados de control, seguimiento y planificación».
«Marchar Sin Restaurar»
Cristóbal López defiende que la «norma general» es que, cuando llega el final del proyecto, la empresa minera quiebra antes de ejecutar la reposición o restauración de la zona y «no hace nada». Además, señala que la corporación no suele ser la matriz, sino una filial «creada para la ocasión» y con una inversión de capital «mínima».
Por ejemplo, en Monte Neme, la Xunta, ante la ausencia de la empresa, tuvo que asumir las obras de restauración, con un presupuesto que supera el 1.000.000,00 € euros. Estos trabajos comenzaron a mediados de diciembre y estaban en curso cuando se produjo el colapso en enero, aunque el Gobierno gallego desvinculó esta situación como causa de la rotura.
«Te das cuenta del desastre que es la minería; de cómo deja atrás su contaminación y se marcha sin restaurar», lamenta el portavoz de Ecoloxistas en Acción, quien insta a que, «antes que crear una mina nueva», se «recuperen» las instalaciones abandonadas.
Esta organización, junto a una treintena de asociaciones ambientalistas de España y Portugal, ha creado la plataforma digital Observatorio Ibérico de la Minería (MINOB), que recopila observaciones sobre «vulneraciones de derechos sociales y medioambientales» y recoge las «evidencias existentes» sobre cada caso.
