En Albacete, un total de 42 personas componen actualmente la compañía de teatro de Amitur-Asprona, un proyecto de ocio y voluntariado que lleva 12 años en escena. Esta iniciativa busca fomentar el espíritu colaborativo y la comunicación individual de las personas con discapacidad.
La directora del servicio y de la compañía, Rosa Roldán, explica que estas 42 personas, con y sin discapacidad, realizan una variedad de tareas que incluyen actuaciones, bailes, así como labores relacionadas con la iluminación y el sonido.
Actualmente, Amitur-Asprona presenta la obra ‘Había una vez un circo… ¿o no?’, un homenaje a los años dorados del circo, que se estrenó en noviembre. Esta obra aborda una historia de superación, destacando la necesidad de «colaborar los unos con los otros» y, sobre todo, la importancia de que cada uno pueda «sacar lo mejor que sabe hacer».
Roldán menciona que «hay gente que baila súper bien, tiene una capacidad de memorización increíble, se coordina excelentemente a la hora de hacer diálogos, y algunos hacen monólogos estupendos». Su labor, junto con dos personas más, consiste en adaptar los textos a las diferentes capacidades y fomentar la comunicación individual de cada miembro, ya que cada uno se expresa de manera distinta.
Además, enfatiza que la interacción con el público es fundamental, buscando «muchas formas de comunicar» en lugar de la perfección. «No se trata de mirar la discapacidad, sino de mirar la capacidad», resalta Roldán, quien también afirma que, a menudo en el teatro, «parece que si hacemos baile hay que hacerlo bien o tener una dicción perfecta», mientras que la meta aquí es «potenciar lo bueno».
El club de ocio ha sido reconocido en la iniciativa ‘Talento Artístico’ con una ayuda Workin de la Fundación Eurocaja Rural, dotada con 10.000 euros, lo cual Roldán considera «una maravilla». «Llevamos muchos años haciendo esto sin darnos a conocer en exceso, pero cuando recibimos un reconocimiento a nivel nacional, es maravilloso para todos ellos», añade.
El apoyo financiero es significativo para aquellos que trabajan en el ámbito social, no solo para llevar a cabo proyectos, sino también para asegurar recursos materiales como vestuario o rampas, y apoyos personales, que garantizan que estas personas puedan acudir al centro, subir al escenario y recibir la asistencia necesaria para aprender sus papeles.
Roldán concluye que «el motor personal es lo principal». Afirma que «si uno tiene ganas de hacerlo, da igual que tenga todo el dinero del mundo, pero si no tiene ese motor personal, no tiene nada».
Experiencia «muy bonita»
Fernando Martínez, de 41 años, está involucrado en la obra ‘Había una vez un circo… ¿o no?’, interpretando dos papeles: el de montador de circo Manolo, que es el que más le ha gustado, y el de Rey de España. Para él, el teatro «es una experiencia muy bonita» que ha disfrutado durante 15 años.
Asegura que «al principio cuesta aprenderte una obra entera, pero después lo disfrutas mucho». Vive en Albacete con sus padres y su perra Bimba, y menciona que el público se lo pasa «súper bien» con las actuaciones, destacando que «te ríes un montón».
Por su parte, Cristina Lozano, que también es modelo y participa en desfiles para ‘Calcetines y Pistachos’, un blog de moda y discapacidad de Asprona, interpreta en la obra a Chispa Malabarista, una joven equilibrista. «Me gustan mucho los bolos», afirma.
Lozano reconoce que ha sido «un poquitín» difícil aprenderse el personaje, para lo cual han ensayado todas las semanas. Sin embargo, concluye que lo que más disfruta del teatro «son las actividades de ocio».

