
MADRID, 22 abr. (EUROPA PRESS) – En la Tierra, las personas sujetan los objetos para evitar que se caigan. Sin embargo, en el espacio, este proceso cambia. Cuando los astronautas sostienen un objeto sin moverlo y luego lo sueltan, este no cae debido a la ausencia de gravedad. Por otra parte, si mueven el objeto, la inercia lo puede desplazar en cualquier dirección si no hay un agarre firme.
La gravedad deja una huella duradera en el cerebro, incluso después de que las personas hayan estado en entornos sin gravedad durante varios meses, según un estudio realizado por la Universidad Católica de Lovaina (Bélgica) y Ikerbasque (España), publicado en ‘Jneurosci’.
Qué revela este estudio sobre la adaptación del cerebro
De acuerdo con este trabajo, los astronautas tienden a sobrecompensar con su agarre al sujetar objetos en el espacio, ya que sus cerebros anticipan la atracción gravitatoria. Esta sobrecompensación fue especialmente notoria cuando los astronautas estaban en movimiento. Asimismo, tras regresar a la Tierra, inicialmente hicieron predicciones incorrectas sobre cómo sujetaban y manipulaban los objetos, pero con el tiempo ajustaron su agarre de manera progresiva.
Este estudio sugiere que el cerebro se adapta gradualmente a diferentes entornos gravitacionales, y las estrategias de control de la fuerza de agarre dependen de las predicciones cerebrales sobre el riesgo de sufrir accidentes.
Lefèvre, uno de los investigadores, expresa su entusiasmo por la publicación de estos hallazgos, destacando la intensiva preparación y el arduo trabajo que requirió coordinarse con la agencia espacial y esperar el lanzamiento exitoso de una nave espacial. Este proceso se extendió durante casi 20 años, incluyendo la recopilación y análisis de datos.
Los investigadores esperan publicar más datos sobre la precisión del movimiento punto a punto con objetos, así como los ajustes realizados tras la colisión con otros objetos y los ajustes basados en la fricción de la piel con los mismos.

